lunes, 27 de octubre de 2014
domingo, 24 de agosto de 2014
Herbert's Hippopotamus: Marcuse and Revolution in Paradise
This documentary examines the turbulent life in California of political philosopher Herbert Marcuse (1898-1979), author of One-Dimensional Man, Reason and Revolution and Eros and Civilization, among other books, professor of philosophy at the University of California San Diego, and a visionary and influential force for the student movement worldwide during the Sixties and Seventies. Blending archival footage, interviews, re- created scenes and voice-over narration, the video profiles not only the life of Marcuse but also the history of student protest and social activism. The video features interviews with Marcuse's student Angela Davis, former UCSD Chancellor William McGill, colleagues Fredric Jameson and Reinhard Lettau, and rare footage of Marcuse and former California Governor Ronald Reagan. Directed by Paul Alexander Juutilainen Five minutes of the program at the end withheld due to technical sound problems; very little is missing.
domingo, 6 de julio de 2014
Relaciones infinitas, relaciones sin límites ni fronteras x Crimeth Inc.
Esto es acerca de las llamadas "relaciones no-monógamas", sobre algunos
de los beneficios de intentar una de las alternativas al modelo de amor
de "salir/casarse/divorciarse". Tu respuesta a este artículo
probablemente sea similar a la que yo tuve unos años atrás cuando leí
una discusión sobre el tema por David Sandstrom en el fanzine sueco
Handbook for Revolutionaries: "Buena idea, pero no va conmigo, por
supuesto...". Resultó que yo estaba equivocado. Si he de recordar una
lección que haya aprendido una y otra vez, debería darme cuenta de que a
menudo las ideas que me incomodan o me hacen poner a la defensiva al
principio a la larga se convierten en las más importantes para mí. No
quiero decir que vaya a ofrecer un programa al que deban unirse
inmediatamente, pero no podemos poner más enfasis en que debemos abirnos
a nuevas ideas, por si acaso resultan ser útiles en nuestras vidas.
Hace un par de años tuve una maravillosa experiencia estando de gira, en la que finalmente experimenté qué se sentía al disolver los roles masculinos: durante la gira todo el mundo en la banda y la gente girando con nosotros tuvimos la oportunidad de abrirnos y ser un apoyo emocional y sentimental, y de repente la experiencia de estar con un montón de chicos se convirtió en algo totalmente diferente de lo que había vivido hasta ese momento. En este ambiente seguro y de apoyo mutuo, todos nosotros realmente nos sentimos libres, sin miedo de hacer cualquier cosa, sin más dudas o necesidad de muros para protegernos. En la superficie, simplemente era que no teníamos miedo de tocarnos unos a otros y abrazarnos, y dejamos de quejarnos y de ser egoístas; pero las implicaciones de esto eran inmensas: me di cuenta de que no había necesidad de limitar mi apoyo emocional y mis relaciones íntimas a mis relaciones románticas. Podía crear y beneficiarme de estas cosas en todas las relaciones.
Esto me hizo pensar en mis relaciones románticas. Si no había motivo para que mis relaciones de amistad no fueran como mis relaciones amorosas, ¿por qué no podían mis relaciones amorosas ser como mis amistades? Cuando pensaba sobre esto, mis amistades tenían un montón de cosas que mis relaciones amorosas nunca tenían: mis amig@s nunca se ponían celos@s o posesiv@s, mis amistades nunca se adherían a un a imagen estrictamente socializada de lo que "deberían" ser, y mientras mis amistades generalmente continuaban de una forma u otra en mi vida, cada vez que una relación amorosa no era perfecta como en las películas, se acababa y no volvía a ver a mi amante nunca más.
Todas mis relaciones de amor habían sido más o menos así: al principio conocía a una persona maravillosa, uníamos nuestros horizontes, vivíamos experiencias increibles junt@s y acabábamos enamorándonos. Al principio nos sentíamos más libres juntos de lo que nunca nos habíamos sentido, y el mundo parecía lleno de ilimitadas posibilidades y felicidad salvaje. Pero lentamente, sin confiar en el resto del mundo o en el futuro en el que podríamos no sentir todas estas cosas maravillosas, construíamos nuestra relación como si fuera un castillo, para dejar fuera el mundo peligroso y frio, y proteger nuestra pasión convirtiendola en una institución. El sexo, que al principio fue algo surgido de la forma más natural y libre, se convertía en celos guardados como el sello que santificaba nuestra relación de amor, como prueba de que era diferente de todas nuestras otras relaciones. (esto, visto en retrospectiva, parece un rol muy extraño para el sexo). Inevitablemente, me levantaba un día y me daba cuenta de que la pasión libre que nos unía se había esfumado y había sido reemplazada por el hábito, la rutina y el miedo a los cambios: el castillo que habíamos construído se había convertido en una tumba, encerrándonos dentro y lejos del mundo exterior, que habíamos estado necesitando para ofrecer nuevas cosas a la otra persona. Dentro del ataud, cada vez discutíamos más, cada un@ exigiendo a la otra persona demostrar su amor, sacrificando cada vez más cosas- cuando el amor se supone que debe permitirte vivir más, no impedir tu participación en una comunidad más amplia a cambio del aseguramiento de una compañía básica. Enamorarse era como encontrar una entrada secreta al jardín del Eden, una economía de regalo en la que compartíamos todo sin preocuparnos por un "trato justo"; pero ahora habíamos vuelto a esa economía del intercambio, compitiendo para ver quién necesitaba más, quién podía controlar más. Tras todos mis intentos de trascender los roles estereotipados de la gente en las relaciones amorosas, de repente me daba cuenta de que era un "novio" otra vez, con una "novia" (lo cual no es un rol muy saludable para nadie en esta sociedad sexista), sin tener ni idea de cómo había ocurrido.
Empecé a pensar cual es la razón por la que continuamos cayendo en estos patrones, y cómo podríamos evitarlos. El tema de la limitación seguía apareciendo; la idea de que algunas cosas deben tener límites para que la relación funcione. Con mis amig@s, nada tiene límites, y nada es exigido: nos ofrecemos lo que cada cual puede, cuando puede darlo, y no exigimos nada que no salga de forma natural para l@s demás.
Decidí investigar qué otros modelos de relaciones amorosas existen, y descubrí que hay una larga tradición de relaciones sin estos límites y expectativas: relaciones no monógamas, o "abiertas".
No estoy intentando decir que las relaciones monógamas sean malas, pero hay miles de tipos de relaciones, y generalmente solo nos permitimos una sola forma, y esto es ridículo. Exploremos un poco.
Cada vez que oigo algo sobre otr@ esposa/marido/novio/novia engañando, cada vez que oigo a alguien hablando con orgullo sobre cómo (en el nombre de la monogamia) ha conseguido resistirse a hacer algo que realmente le apetecía, cada vez que tengo que escuchar a alguien patéticamente lamentándose de sentirse atrapad@ en una relación o incapaz de satisfacer sus deseos por algún tipo de miedo, cada vez que tengo que presenciar a alguien mirando como un voyeur ("no hay nada malo en mirar si no tocas..."), me siento furioso de ver cómo estamos atrapados en este sistema de relaciones de una sola opción, aceptando estos síntomas de ahogo como inevitables en vez de experimentar con las otras posibilidades. Ante todo, nuestro convencimiento de apoyar la monogamia como la única opción nos impide ser honest@s con l@s demás. Tenemos que atrevernos a cuestionar todas estas complejidades de la vida y el deseo de forma abierta, incluso si resulta doloroso.
L@s punk rockers siempre actuamos como si fuéramos muy radicales, pero cuando se trata de llevar a cabo formas radicalmente diferentes de vivir que encajarían mas con nuestras ideas, no se nos ocurre cuestionar nuestros hábitos programados. Muchas veces nuestras ideas revolucionarias son solamente insignias o una ideología diferente a la que votar, no un catalizador para transformar nuestras vidas. Éste es un tema que afecta a todo el mundo, en el que los valores anarquistas pueden ser puestos a prueba en el mundo real, pero pocas veces he visto esta discusión en nuestra comunidad; si vamos a cuestionar la forma en que funciona el mundo, deberíamos llevar este cuestionamiento a nuestras propias relaciones personales y a lo mejor intentar alternativas ahí antes de proponer soluciones para los males del mundo; si realmente tenemos soluciones para los males de la sociedad, vamos a ponerlas en practica para solucionar los males de nuestras relaciones.
¿Qué es una relación abierta?
Lo más importante aquí es superar la idea de que el valor de una persona se mide dependiendo de si esa persona por si sola es suficientemente "buena" para otra persona. El mundo es infinito, y nosotr@s también lo somos- ninguna cantidad de vivencias, ningún número de interacciones con l@s demás debería ser "suficiente" para nadie, de la misma forma que ningún número de interacciones con la persona amada serán nunca suficiente. Poner fronteras a lo que otra persona pueda hacer o sentir como una condición para que pueda recibir mi amor o afecto va en contra de todas mis creencias como anarquista y como ser humano; quiero creer en l@s demás para saber lo que necesitan, y nunca limitarles- ciertamente no creo que mi vida vaya a ser más rica gracias a las limitaciones que ponga en l@s demás. Tenemos que liberarnos para llegar a ser nosotr@s mism@s. Esto no es referente solamente a l@s amantes o l@s amigos o las parejas sentimentales, también hace referencia a otros proyectos, necesidades o incluso el deseo de soledad- es desesperante como a much@s de nosotr@s nuestr@s parejas a menudo nos piden que nos sacrifiquemos para estar con ellas.
Quiero ser evaluado por lo que soy, por lo que hago de forma natural, no por lo bien que me conformo a las listas de necesidades diseñadas por otra persona. Si alguien puede cubrir algunas de esas necesidades, no se lo negaría a nadie, y no quiero estar celoso cuando l@s demás tengan cosas diferentes para ofrecer; sólo quiero la oportunidad de ofrecer lo que tengo para dar a aquell@s a l@s que quiero, y recordar que esas cosas no tienen precio y que no son comparables al resto de regalos únicos que l@s demás puedan tener. Nadie debería tener el peso de aceptar el rol de "único proveedor" de las necesidades de otra persona (necesidades románticas o no); nuestro papel en el mundo no es el de servir a nadie, sino el de encontrar formas de ser nosotr@s mism@s que también beneficien a l@s demás. Aceptando que el resto del mundo no está "fuera de los limites" de tu compañer@, te liberas del trabajo de ser el mundo entero para tu pareja.
El sistema monógamo establece que la gente se niegue a relacionarse con l@s demás de según qué formas a no ser que se cree una relación romántica- ya que sólo puedes tener una pareja romántica, tienes que estar segur@ de que tu únic@ compañer@ es una buena inversión (y aquí volvemos al mercado capitalista incluso en nuestras relaciones). Las mujeres buscan a los hombres según su potencial económico, los hombres juzgan a las mujeres dependiendo de si su belleza es lo suficientemente resaltable socialmente para ofrecer el prestigio que él espera teniéndola a su lado, y nadie puede experimentar con compañer@s que no cumplan suficientemente estos criterios. De esta forma, igual que en las amistades, pueden haber personas en el mundo con las que puedas pasar maravillosos momentos románticos una o dos veces al mes, pero con las que no tienes suficientes cosas en común como para verlas continuamente y luego casarte, etc. (aunque vemos a menudo parejas mal avenidas haciéndose cada vez más miserables que hubieran sido mucho más felices como compañer@s esporádic@s). Las relaciones no-monógamas hacen esto último posible sin pagar ningún precio de infelicidad mutua.
He decidido que no quiero volver a tener una jerarquía de valores entre mis amistades y mis relaciones amorosas: ambas cosas son cruciales, irreemplazables en mi vida, y a la mierda quien me quiera hacer escoger entre una de las dos. Y no sólo eso, también he decidido dejar de clasificar las cosas como "amor" o "amistad" dependiendo de detalles superficiales arbitrarios- los sentimientos que comparto con algunas de mis amistades son tan íntimos y tan bonitos que es ridículo que no les llame amantes sólo porque no nos acostamos juntos. Es absurdo que el sexo sea la línea divisoria entre nuestras relaciones, entre aquellas que tienen preferencia, entre con quién vivimos, con quién dormimos, a quién le hacemos más caso y junto a quién moriremos. En las relaciones abiertas, el sexo no está acotado con tantas implicaciones y restricciones. El amor y el deseo fuera de las líneas del modelo de la monogamia son perseguidos desde cualquier frente en esta sociedad. El sexo no debería ser contenido, y no debería ser simbólico de nada- debería ser simplemente otra forma de ser físicamente afectiv@s l@s un@s con l@s otr@s, de dar placer a l@s demás, de ser emocionalmente expresiv@s... tomando las responsabilidades que comporten las relaciones pero sin tener que contentar a la expectación social ni a ningún tabú moral.
Una relación abierta es simplemente eso: es una relación en la que las personas pueden ser abiertas y sinceras las unas con las otras y con ellas mismas, en la que nada necesita ser escondido o reprimido o limitado. Una relación en la cual el mundo entero puede ser explorado sin miedo de transgredir fronteras imaginarias. Cuando exigimos honestidad total en una relación que incluye limites y tabúes, nos estamos preparando para traiciones y mentiras; pretender que una persona sea abierta sin ser receptivo de todas las posibles verdades es estúpido y egoísta. Tenemos que apoyarnos un@s a otr@s en todos los aspectos de nuestros caracteres individuales si queremos que la honestidad sea posible; si no, somos como l@s cristian@s cuando van a confesarse, confesando cosas bajo un imperativo moral, con el látigo de la vergüenza preparado para cualquier impulso de falsear. Tenemos que aprender a abrazar y celebrar cualquier cosa que sea buena para cada uno. Si es bueno para nuestra persona amada, lo será para nosotr@s también, ¿realmente somos tan egoístas que no nos damos cuenta de esto?
Para dar un ejemplo de cómo podría funcionar esto, volvamos a mi historia de la gira. Durante la gira, algunas personas crearon lazos, y compartieron mundos privados tal y como lo hacen l@s amantes; pero también recordaron que para que la comunidad funcionara, no podían apartarse de sus relaciones con l@s demás. Cada vez que una persona necesitaba tomarse un descanso de otra o quería expandir sus horizontes un poco, pasaba más tiempo con l@s demás, porque siempre había gente alrededor que también tenía cosas que ofrecer. Todo el mundo se sentía seguro y protegido, y nadie quedaba fuera, porque no estábamos dividid@s en exclusivos dúos.
Por el contrario, la economía de escasez de amantes que funciona en nuestra sociedad ahora mismo nos hace tener prisa por encontrar a otra persona y atarla a nuestro lado, antes de que nos quedemos sol@s. La alternativa, que este miedo a la soledad nos impide ver, parece preferible: un mundo sin barreras, en el que cada un@ de nosotr@s formaría parte de una gran familia de amantes y amig@s, sin distinciones entre un@s y otr@s, y en el que no existieran formatos estrictos para ninguna relación. La experimentación sería constante para cada persona. Para conseguir un mundo así, tenemos que acostumbrarnos a no limitarnos l@s un@s a l@s otr@s, tenemos que dejar de ver el amor como una comodidad limitada.
Los celos, y lo que he aprendido de ellos.
Si, a veces todavía siento celos. He tenido experiencias antes en las que he estado celoso de una manera insana- no sólo de otro hombre, sino de otras cosas hacia las que mis compañer@s mostraban interés o amaban o experimentaban. Ser capaz de tratar con estas cosas ha sido muy importante en el desarrollo de mi confianza y de mi forma de ser. Me costó años llegar a sentir (no solo entender) que si mis seres queridos aman otras cosas o a otras personas, no significa que yo soy menos. Además, si el o ella realmente me quiere, no es porque yo cumpla una determinada lista de cualidades deseadas por la que haya sido escogido- me ama por razones que son únicas en mi, con las que nadie puede competir, así que no hay nada que temer. El amor no es una comodidad limitada; crece, al igual que la felicidad, al compartirse y al ser repartido.
Considero a mis celos como a un adversario poderoso, que puede enseñarme mucho sobre mi mismo si me enfrento a él en vez de protegerme de él controlando a l@s demás. He tenido experiencias en relaciones anteriores donde mis amantes se han limitado para protegerme de mis celos, y ha sido catastrófico para todos, como podéis imaginar.
Una de las cosas que me han enseñado mis celos es a reflexionar sobre mi actitud hacia otros hombres. Es interesante para mí notar que nunca me he sentido amenazado por otras mujeres por las que mis parejas se hayan sentido atraídas o con las que hayan tenido relaciones, pero hacia otros hombres siempre me he sentido mal. En nuestra sociedad, los hombres son condicionados para no confiar los unos en los otros, para odiarse los unos a los otros, para intentar "proteger" a las mujeres de otros hombres (lo cual es como proteger una "propiedad" personal), y esto tiene sentido cuando miramos lo jodidamente mal que muchos hombres se relacionan con las mujeres. Para mi no confiar en los hombres para beneficiar a mi pareja es una paranoia y una estupidez territorial. Si confío en el juicio de mi compañer@, debo confiar en que sepa qué y quién son buenos para él/ella, sin dejar que mi mentalidad de "yo-contra-todos" interfiera.
Algunas objeciones que he encontrado hacia las relaciones abiertas.
"Suena bien en la teoría, pero la forma en qué sentimos es más importante que todas estas abstracciones..."
Algunas personas creen que presentamos ideas y teorías no como soluciones a problemas reales, sino simplemente para demostrar qué buenas ideas se nos pueden llegar a ocurrir. Si no está claro hasta ahora que he estado pensando en esto como un intento de solucionar mis problemas en las relaciones sentimentales en vez de aumentarlos, entonces me disculpo por escribir tan mal lo que quería decir en este artículo. Y si crees que las relaciones abiertas pueden ser duras para tus emociones, simplemente prueba la monogamia en un periodo muy largo de tiempo. Ambas cosas pueden llegar a ser igual de duras.
"Pero la naturaleza humana..."
Jódete! no hay mas que decir. La naturaleza humana es aquello que nosotr@s creamos, y eso lo sabes, lo quieras aceptar o no.
"Supongo que está bien si es lo que quieres probar, pero para mi quiero la monogamia, yo ya estoy servid@"
Mejor para ti, si es realmente cierto. Tod@s nos sentimos cómod@s cuando nuestros deseos coinciden con las reglas sociales: entonces es fácil para nosotr@s sentirnos orgullos@s de nuestros deseos, pensar que son bellos, ya que están aceptados universalmente (de hecho, todo a nuestro alrededor reafirma la idea de lo afortunad@s que somos por sentir lo que sentimos, ya que es lo correcto y perfecto)...pero puede que no siempre seas tan afortunad@. Si alguna vez sientes una necesidad que no esté contemplada en el sistema de la monogamia, no habiendo hecho el esfuerzo de intentar comprender y aceptar formas diferentes de relacionarse y de desear, te encontrarás incomprendid@, odiad@ e insultad@. Nadie debería vivir esto, así que cualquier necesidad o deseo que se tenga debe ser observado desde la opción de la no-monogamia también. De otra forma, tod@s viviremos con el miedo de despertarnos un día con un sentimiento o deseo que es inaceptable, y ese poder fascista del moralismo sobre nuestras vidas es exactamente contra lo que creía que estábamos luchando.
Por eso me considero no-monógamo ahora mismo, incluso habiendo tenido relaciones sexuales con solo una persona en los últimos 5 meses: hago lo que hago no por un compromiso a la monogamia, sino como un compromiso a satisfacer mis deseos y los de l@s demás sin tener en cuenta ninguna jodida norma social. La no-monogamia, de hecho, no es algo exclusivamente referente al sexo, es un acercamiento general a las relaciones entre las personas, como he discutido mas arriba.
"Las relaciones abiertas son malas para las mujeres, son simplemente una forma mas para que los hombres sean egoístas y desaparezcan cuando las mujeres les necesitan..."
Este es el tipo de comentario sexista con el que preferiría no tener que tratar, pero lo he oído varias veces. Me recuerda al viejo mito de que todas las ("buenas") mujeres buscan relaciones monógamas "responsables", y las que no lo hacen deben estar confundidas (así que no hay problema en no confiar en ellas, o en considerarlas putas). Para empezar, han sido mujeres las que me han puesto en contacto con muchas de estas ideas aquí expuestas. En segundo lugar, muchos de los hombres y muchas de las mujeres interesad@s en experimentar diferentes modelos de relaciones durante las últimas décadas no mantenían relaciones heterosexuales, así que este tipo de críticas resultan ridículas. En tercer lugar, la gente que dice cosas como ésta hacen que suene como si pensaran que los hombres solo son emocionalmente receptivos hacia las mujeres que les ofrecen sexo a cambio...espero que esto no sea a lo que tenemos que aspirar en las relaciones heterosexuales.
Finalmente, si, es cierto que los hombres hemos sido condicionados para ser egoístas y poco abiertos en nuestras relaciones, y simplemente cambiando los modelos de relaciones la situación no va a cambiar. Pero esto va a ser un problema en cualquier tipo de relación, no solamente en las relaciones abiertas, y es un problema que debe ser tratado como un tema aparte. Un chico responsable y sensible no va a salir corriendo para conseguir sexo con un/a desconocid@ cuando su compañer@ (o un@ de sus compañer@s) le necesita. Hay muchas trampas escondidas en nuestra sexualidad, ya que gran parte de ella ha sido condicionada y programada por nuestr@s enemig@s; los hombres debemos rechazar las presiones que nos hacen buscar sexo superficial como una forma de evitar intimidad real y apoyo entre personas. Esto me lleva a la última objeción:
"Así que esto significa que abandonas tus sueños románticos, cambiándolos por una serie de episodios sexuales con un@s cuantos conocid@s"?
No. Para nada. No estoy interesado en evitar compromisos personales y relaciones largas- de hecho estoy interesado en protegerlos para que no estén en riesgo innecesario. Quiero asegurar mis relaciones románticas, para que no se vean en peligro por cosas triviales como el aburrimiento temporal o la atracción hacia l@s demás. Quiero crear relaciones que puedan ser estables durante los cambios en mi vida y en mis deseos. De esta forma quiero mantener a mis amantes durante tanto tiempo como mantengo a mis amistades; hasta que la muerte nos separe, pero de verdad, sin que interfieran viejos tabúes (inseguridades, celos...). Por supuesto que esto puede ser duro a veces, de la misma forma que todo es difícil a veces, pero la recompensa de poder hacer que esto funcione compensa, estoy seguro.
Lo que intento hacer aquí es ayudar a que nos liberemos de las tragedias innecesarias en nuestras relaciones amorosas, las inseguridades y el sentimiento de posesión que nos impiden disfrutar de los compromisos y los placeres que podríamos disfrutar tod@s junt@s. Para superar estos obstáculos, tenemos que estar preparad@s para afrontar las tragedias reales con decisión y valentía: no podemos pedir que l@s demás nos protejan de nuestras inseguridades limitándose y reprimiéndose, y tenemos que entender que siempre habrán momentos en los que estemos sol@s. El precio de no intentarlo es absurdo, hoy en día sufrimos tanto las tragedias necesarias como las innecesarias en nuestras relaciones por nuestra falta de coraje. ¿Es demasiado pedir que intentemos algo nuevo?
--extraido del fanzine Inside Front #13
Hace un par de años tuve una maravillosa experiencia estando de gira, en la que finalmente experimenté qué se sentía al disolver los roles masculinos: durante la gira todo el mundo en la banda y la gente girando con nosotros tuvimos la oportunidad de abrirnos y ser un apoyo emocional y sentimental, y de repente la experiencia de estar con un montón de chicos se convirtió en algo totalmente diferente de lo que había vivido hasta ese momento. En este ambiente seguro y de apoyo mutuo, todos nosotros realmente nos sentimos libres, sin miedo de hacer cualquier cosa, sin más dudas o necesidad de muros para protegernos. En la superficie, simplemente era que no teníamos miedo de tocarnos unos a otros y abrazarnos, y dejamos de quejarnos y de ser egoístas; pero las implicaciones de esto eran inmensas: me di cuenta de que no había necesidad de limitar mi apoyo emocional y mis relaciones íntimas a mis relaciones románticas. Podía crear y beneficiarme de estas cosas en todas las relaciones.
Esto me hizo pensar en mis relaciones románticas. Si no había motivo para que mis relaciones de amistad no fueran como mis relaciones amorosas, ¿por qué no podían mis relaciones amorosas ser como mis amistades? Cuando pensaba sobre esto, mis amistades tenían un montón de cosas que mis relaciones amorosas nunca tenían: mis amig@s nunca se ponían celos@s o posesiv@s, mis amistades nunca se adherían a un a imagen estrictamente socializada de lo que "deberían" ser, y mientras mis amistades generalmente continuaban de una forma u otra en mi vida, cada vez que una relación amorosa no era perfecta como en las películas, se acababa y no volvía a ver a mi amante nunca más.
Todas mis relaciones de amor habían sido más o menos así: al principio conocía a una persona maravillosa, uníamos nuestros horizontes, vivíamos experiencias increibles junt@s y acabábamos enamorándonos. Al principio nos sentíamos más libres juntos de lo que nunca nos habíamos sentido, y el mundo parecía lleno de ilimitadas posibilidades y felicidad salvaje. Pero lentamente, sin confiar en el resto del mundo o en el futuro en el que podríamos no sentir todas estas cosas maravillosas, construíamos nuestra relación como si fuera un castillo, para dejar fuera el mundo peligroso y frio, y proteger nuestra pasión convirtiendola en una institución. El sexo, que al principio fue algo surgido de la forma más natural y libre, se convertía en celos guardados como el sello que santificaba nuestra relación de amor, como prueba de que era diferente de todas nuestras otras relaciones. (esto, visto en retrospectiva, parece un rol muy extraño para el sexo). Inevitablemente, me levantaba un día y me daba cuenta de que la pasión libre que nos unía se había esfumado y había sido reemplazada por el hábito, la rutina y el miedo a los cambios: el castillo que habíamos construído se había convertido en una tumba, encerrándonos dentro y lejos del mundo exterior, que habíamos estado necesitando para ofrecer nuevas cosas a la otra persona. Dentro del ataud, cada vez discutíamos más, cada un@ exigiendo a la otra persona demostrar su amor, sacrificando cada vez más cosas- cuando el amor se supone que debe permitirte vivir más, no impedir tu participación en una comunidad más amplia a cambio del aseguramiento de una compañía básica. Enamorarse era como encontrar una entrada secreta al jardín del Eden, una economía de regalo en la que compartíamos todo sin preocuparnos por un "trato justo"; pero ahora habíamos vuelto a esa economía del intercambio, compitiendo para ver quién necesitaba más, quién podía controlar más. Tras todos mis intentos de trascender los roles estereotipados de la gente en las relaciones amorosas, de repente me daba cuenta de que era un "novio" otra vez, con una "novia" (lo cual no es un rol muy saludable para nadie en esta sociedad sexista), sin tener ni idea de cómo había ocurrido.
Empecé a pensar cual es la razón por la que continuamos cayendo en estos patrones, y cómo podríamos evitarlos. El tema de la limitación seguía apareciendo; la idea de que algunas cosas deben tener límites para que la relación funcione. Con mis amig@s, nada tiene límites, y nada es exigido: nos ofrecemos lo que cada cual puede, cuando puede darlo, y no exigimos nada que no salga de forma natural para l@s demás.
Decidí investigar qué otros modelos de relaciones amorosas existen, y descubrí que hay una larga tradición de relaciones sin estos límites y expectativas: relaciones no monógamas, o "abiertas".
No estoy intentando decir que las relaciones monógamas sean malas, pero hay miles de tipos de relaciones, y generalmente solo nos permitimos una sola forma, y esto es ridículo. Exploremos un poco.
Cada vez que oigo algo sobre otr@ esposa/marido/novio/novia engañando, cada vez que oigo a alguien hablando con orgullo sobre cómo (en el nombre de la monogamia) ha conseguido resistirse a hacer algo que realmente le apetecía, cada vez que tengo que escuchar a alguien patéticamente lamentándose de sentirse atrapad@ en una relación o incapaz de satisfacer sus deseos por algún tipo de miedo, cada vez que tengo que presenciar a alguien mirando como un voyeur ("no hay nada malo en mirar si no tocas..."), me siento furioso de ver cómo estamos atrapados en este sistema de relaciones de una sola opción, aceptando estos síntomas de ahogo como inevitables en vez de experimentar con las otras posibilidades. Ante todo, nuestro convencimiento de apoyar la monogamia como la única opción nos impide ser honest@s con l@s demás. Tenemos que atrevernos a cuestionar todas estas complejidades de la vida y el deseo de forma abierta, incluso si resulta doloroso.
L@s punk rockers siempre actuamos como si fuéramos muy radicales, pero cuando se trata de llevar a cabo formas radicalmente diferentes de vivir que encajarían mas con nuestras ideas, no se nos ocurre cuestionar nuestros hábitos programados. Muchas veces nuestras ideas revolucionarias son solamente insignias o una ideología diferente a la que votar, no un catalizador para transformar nuestras vidas. Éste es un tema que afecta a todo el mundo, en el que los valores anarquistas pueden ser puestos a prueba en el mundo real, pero pocas veces he visto esta discusión en nuestra comunidad; si vamos a cuestionar la forma en que funciona el mundo, deberíamos llevar este cuestionamiento a nuestras propias relaciones personales y a lo mejor intentar alternativas ahí antes de proponer soluciones para los males del mundo; si realmente tenemos soluciones para los males de la sociedad, vamos a ponerlas en practica para solucionar los males de nuestras relaciones.
¿Qué es una relación abierta?
Lo más importante aquí es superar la idea de que el valor de una persona se mide dependiendo de si esa persona por si sola es suficientemente "buena" para otra persona. El mundo es infinito, y nosotr@s también lo somos- ninguna cantidad de vivencias, ningún número de interacciones con l@s demás debería ser "suficiente" para nadie, de la misma forma que ningún número de interacciones con la persona amada serán nunca suficiente. Poner fronteras a lo que otra persona pueda hacer o sentir como una condición para que pueda recibir mi amor o afecto va en contra de todas mis creencias como anarquista y como ser humano; quiero creer en l@s demás para saber lo que necesitan, y nunca limitarles- ciertamente no creo que mi vida vaya a ser más rica gracias a las limitaciones que ponga en l@s demás. Tenemos que liberarnos para llegar a ser nosotr@s mism@s. Esto no es referente solamente a l@s amantes o l@s amigos o las parejas sentimentales, también hace referencia a otros proyectos, necesidades o incluso el deseo de soledad- es desesperante como a much@s de nosotr@s nuestr@s parejas a menudo nos piden que nos sacrifiquemos para estar con ellas.
Quiero ser evaluado por lo que soy, por lo que hago de forma natural, no por lo bien que me conformo a las listas de necesidades diseñadas por otra persona. Si alguien puede cubrir algunas de esas necesidades, no se lo negaría a nadie, y no quiero estar celoso cuando l@s demás tengan cosas diferentes para ofrecer; sólo quiero la oportunidad de ofrecer lo que tengo para dar a aquell@s a l@s que quiero, y recordar que esas cosas no tienen precio y que no son comparables al resto de regalos únicos que l@s demás puedan tener. Nadie debería tener el peso de aceptar el rol de "único proveedor" de las necesidades de otra persona (necesidades románticas o no); nuestro papel en el mundo no es el de servir a nadie, sino el de encontrar formas de ser nosotr@s mism@s que también beneficien a l@s demás. Aceptando que el resto del mundo no está "fuera de los limites" de tu compañer@, te liberas del trabajo de ser el mundo entero para tu pareja.
El sistema monógamo establece que la gente se niegue a relacionarse con l@s demás de según qué formas a no ser que se cree una relación romántica- ya que sólo puedes tener una pareja romántica, tienes que estar segur@ de que tu únic@ compañer@ es una buena inversión (y aquí volvemos al mercado capitalista incluso en nuestras relaciones). Las mujeres buscan a los hombres según su potencial económico, los hombres juzgan a las mujeres dependiendo de si su belleza es lo suficientemente resaltable socialmente para ofrecer el prestigio que él espera teniéndola a su lado, y nadie puede experimentar con compañer@s que no cumplan suficientemente estos criterios. De esta forma, igual que en las amistades, pueden haber personas en el mundo con las que puedas pasar maravillosos momentos románticos una o dos veces al mes, pero con las que no tienes suficientes cosas en común como para verlas continuamente y luego casarte, etc. (aunque vemos a menudo parejas mal avenidas haciéndose cada vez más miserables que hubieran sido mucho más felices como compañer@s esporádic@s). Las relaciones no-monógamas hacen esto último posible sin pagar ningún precio de infelicidad mutua.
He decidido que no quiero volver a tener una jerarquía de valores entre mis amistades y mis relaciones amorosas: ambas cosas son cruciales, irreemplazables en mi vida, y a la mierda quien me quiera hacer escoger entre una de las dos. Y no sólo eso, también he decidido dejar de clasificar las cosas como "amor" o "amistad" dependiendo de detalles superficiales arbitrarios- los sentimientos que comparto con algunas de mis amistades son tan íntimos y tan bonitos que es ridículo que no les llame amantes sólo porque no nos acostamos juntos. Es absurdo que el sexo sea la línea divisoria entre nuestras relaciones, entre aquellas que tienen preferencia, entre con quién vivimos, con quién dormimos, a quién le hacemos más caso y junto a quién moriremos. En las relaciones abiertas, el sexo no está acotado con tantas implicaciones y restricciones. El amor y el deseo fuera de las líneas del modelo de la monogamia son perseguidos desde cualquier frente en esta sociedad. El sexo no debería ser contenido, y no debería ser simbólico de nada- debería ser simplemente otra forma de ser físicamente afectiv@s l@s un@s con l@s otr@s, de dar placer a l@s demás, de ser emocionalmente expresiv@s... tomando las responsabilidades que comporten las relaciones pero sin tener que contentar a la expectación social ni a ningún tabú moral.
Una relación abierta es simplemente eso: es una relación en la que las personas pueden ser abiertas y sinceras las unas con las otras y con ellas mismas, en la que nada necesita ser escondido o reprimido o limitado. Una relación en la cual el mundo entero puede ser explorado sin miedo de transgredir fronteras imaginarias. Cuando exigimos honestidad total en una relación que incluye limites y tabúes, nos estamos preparando para traiciones y mentiras; pretender que una persona sea abierta sin ser receptivo de todas las posibles verdades es estúpido y egoísta. Tenemos que apoyarnos un@s a otr@s en todos los aspectos de nuestros caracteres individuales si queremos que la honestidad sea posible; si no, somos como l@s cristian@s cuando van a confesarse, confesando cosas bajo un imperativo moral, con el látigo de la vergüenza preparado para cualquier impulso de falsear. Tenemos que aprender a abrazar y celebrar cualquier cosa que sea buena para cada uno. Si es bueno para nuestra persona amada, lo será para nosotr@s también, ¿realmente somos tan egoístas que no nos damos cuenta de esto?
Para dar un ejemplo de cómo podría funcionar esto, volvamos a mi historia de la gira. Durante la gira, algunas personas crearon lazos, y compartieron mundos privados tal y como lo hacen l@s amantes; pero también recordaron que para que la comunidad funcionara, no podían apartarse de sus relaciones con l@s demás. Cada vez que una persona necesitaba tomarse un descanso de otra o quería expandir sus horizontes un poco, pasaba más tiempo con l@s demás, porque siempre había gente alrededor que también tenía cosas que ofrecer. Todo el mundo se sentía seguro y protegido, y nadie quedaba fuera, porque no estábamos dividid@s en exclusivos dúos.
Por el contrario, la economía de escasez de amantes que funciona en nuestra sociedad ahora mismo nos hace tener prisa por encontrar a otra persona y atarla a nuestro lado, antes de que nos quedemos sol@s. La alternativa, que este miedo a la soledad nos impide ver, parece preferible: un mundo sin barreras, en el que cada un@ de nosotr@s formaría parte de una gran familia de amantes y amig@s, sin distinciones entre un@s y otr@s, y en el que no existieran formatos estrictos para ninguna relación. La experimentación sería constante para cada persona. Para conseguir un mundo así, tenemos que acostumbrarnos a no limitarnos l@s un@s a l@s otr@s, tenemos que dejar de ver el amor como una comodidad limitada.
Los celos, y lo que he aprendido de ellos.
Si, a veces todavía siento celos. He tenido experiencias antes en las que he estado celoso de una manera insana- no sólo de otro hombre, sino de otras cosas hacia las que mis compañer@s mostraban interés o amaban o experimentaban. Ser capaz de tratar con estas cosas ha sido muy importante en el desarrollo de mi confianza y de mi forma de ser. Me costó años llegar a sentir (no solo entender) que si mis seres queridos aman otras cosas o a otras personas, no significa que yo soy menos. Además, si el o ella realmente me quiere, no es porque yo cumpla una determinada lista de cualidades deseadas por la que haya sido escogido- me ama por razones que son únicas en mi, con las que nadie puede competir, así que no hay nada que temer. El amor no es una comodidad limitada; crece, al igual que la felicidad, al compartirse y al ser repartido.
Considero a mis celos como a un adversario poderoso, que puede enseñarme mucho sobre mi mismo si me enfrento a él en vez de protegerme de él controlando a l@s demás. He tenido experiencias en relaciones anteriores donde mis amantes se han limitado para protegerme de mis celos, y ha sido catastrófico para todos, como podéis imaginar.
Una de las cosas que me han enseñado mis celos es a reflexionar sobre mi actitud hacia otros hombres. Es interesante para mí notar que nunca me he sentido amenazado por otras mujeres por las que mis parejas se hayan sentido atraídas o con las que hayan tenido relaciones, pero hacia otros hombres siempre me he sentido mal. En nuestra sociedad, los hombres son condicionados para no confiar los unos en los otros, para odiarse los unos a los otros, para intentar "proteger" a las mujeres de otros hombres (lo cual es como proteger una "propiedad" personal), y esto tiene sentido cuando miramos lo jodidamente mal que muchos hombres se relacionan con las mujeres. Para mi no confiar en los hombres para beneficiar a mi pareja es una paranoia y una estupidez territorial. Si confío en el juicio de mi compañer@, debo confiar en que sepa qué y quién son buenos para él/ella, sin dejar que mi mentalidad de "yo-contra-todos" interfiera.
Algunas objeciones que he encontrado hacia las relaciones abiertas.
"Suena bien en la teoría, pero la forma en qué sentimos es más importante que todas estas abstracciones..."
Algunas personas creen que presentamos ideas y teorías no como soluciones a problemas reales, sino simplemente para demostrar qué buenas ideas se nos pueden llegar a ocurrir. Si no está claro hasta ahora que he estado pensando en esto como un intento de solucionar mis problemas en las relaciones sentimentales en vez de aumentarlos, entonces me disculpo por escribir tan mal lo que quería decir en este artículo. Y si crees que las relaciones abiertas pueden ser duras para tus emociones, simplemente prueba la monogamia en un periodo muy largo de tiempo. Ambas cosas pueden llegar a ser igual de duras.
"Pero la naturaleza humana..."
Jódete! no hay mas que decir. La naturaleza humana es aquello que nosotr@s creamos, y eso lo sabes, lo quieras aceptar o no.
"Supongo que está bien si es lo que quieres probar, pero para mi quiero la monogamia, yo ya estoy servid@"
Mejor para ti, si es realmente cierto. Tod@s nos sentimos cómod@s cuando nuestros deseos coinciden con las reglas sociales: entonces es fácil para nosotr@s sentirnos orgullos@s de nuestros deseos, pensar que son bellos, ya que están aceptados universalmente (de hecho, todo a nuestro alrededor reafirma la idea de lo afortunad@s que somos por sentir lo que sentimos, ya que es lo correcto y perfecto)...pero puede que no siempre seas tan afortunad@. Si alguna vez sientes una necesidad que no esté contemplada en el sistema de la monogamia, no habiendo hecho el esfuerzo de intentar comprender y aceptar formas diferentes de relacionarse y de desear, te encontrarás incomprendid@, odiad@ e insultad@. Nadie debería vivir esto, así que cualquier necesidad o deseo que se tenga debe ser observado desde la opción de la no-monogamia también. De otra forma, tod@s viviremos con el miedo de despertarnos un día con un sentimiento o deseo que es inaceptable, y ese poder fascista del moralismo sobre nuestras vidas es exactamente contra lo que creía que estábamos luchando.
Por eso me considero no-monógamo ahora mismo, incluso habiendo tenido relaciones sexuales con solo una persona en los últimos 5 meses: hago lo que hago no por un compromiso a la monogamia, sino como un compromiso a satisfacer mis deseos y los de l@s demás sin tener en cuenta ninguna jodida norma social. La no-monogamia, de hecho, no es algo exclusivamente referente al sexo, es un acercamiento general a las relaciones entre las personas, como he discutido mas arriba.
"Las relaciones abiertas son malas para las mujeres, son simplemente una forma mas para que los hombres sean egoístas y desaparezcan cuando las mujeres les necesitan..."
Este es el tipo de comentario sexista con el que preferiría no tener que tratar, pero lo he oído varias veces. Me recuerda al viejo mito de que todas las ("buenas") mujeres buscan relaciones monógamas "responsables", y las que no lo hacen deben estar confundidas (así que no hay problema en no confiar en ellas, o en considerarlas putas). Para empezar, han sido mujeres las que me han puesto en contacto con muchas de estas ideas aquí expuestas. En segundo lugar, muchos de los hombres y muchas de las mujeres interesad@s en experimentar diferentes modelos de relaciones durante las últimas décadas no mantenían relaciones heterosexuales, así que este tipo de críticas resultan ridículas. En tercer lugar, la gente que dice cosas como ésta hacen que suene como si pensaran que los hombres solo son emocionalmente receptivos hacia las mujeres que les ofrecen sexo a cambio...espero que esto no sea a lo que tenemos que aspirar en las relaciones heterosexuales.
Finalmente, si, es cierto que los hombres hemos sido condicionados para ser egoístas y poco abiertos en nuestras relaciones, y simplemente cambiando los modelos de relaciones la situación no va a cambiar. Pero esto va a ser un problema en cualquier tipo de relación, no solamente en las relaciones abiertas, y es un problema que debe ser tratado como un tema aparte. Un chico responsable y sensible no va a salir corriendo para conseguir sexo con un/a desconocid@ cuando su compañer@ (o un@ de sus compañer@s) le necesita. Hay muchas trampas escondidas en nuestra sexualidad, ya que gran parte de ella ha sido condicionada y programada por nuestr@s enemig@s; los hombres debemos rechazar las presiones que nos hacen buscar sexo superficial como una forma de evitar intimidad real y apoyo entre personas. Esto me lleva a la última objeción:
"Así que esto significa que abandonas tus sueños románticos, cambiándolos por una serie de episodios sexuales con un@s cuantos conocid@s"?
No. Para nada. No estoy interesado en evitar compromisos personales y relaciones largas- de hecho estoy interesado en protegerlos para que no estén en riesgo innecesario. Quiero asegurar mis relaciones románticas, para que no se vean en peligro por cosas triviales como el aburrimiento temporal o la atracción hacia l@s demás. Quiero crear relaciones que puedan ser estables durante los cambios en mi vida y en mis deseos. De esta forma quiero mantener a mis amantes durante tanto tiempo como mantengo a mis amistades; hasta que la muerte nos separe, pero de verdad, sin que interfieran viejos tabúes (inseguridades, celos...). Por supuesto que esto puede ser duro a veces, de la misma forma que todo es difícil a veces, pero la recompensa de poder hacer que esto funcione compensa, estoy seguro.
Lo que intento hacer aquí es ayudar a que nos liberemos de las tragedias innecesarias en nuestras relaciones amorosas, las inseguridades y el sentimiento de posesión que nos impiden disfrutar de los compromisos y los placeres que podríamos disfrutar tod@s junt@s. Para superar estos obstáculos, tenemos que estar preparad@s para afrontar las tragedias reales con decisión y valentía: no podemos pedir que l@s demás nos protejan de nuestras inseguridades limitándose y reprimiéndose, y tenemos que entender que siempre habrán momentos en los que estemos sol@s. El precio de no intentarlo es absurdo, hoy en día sufrimos tanto las tragedias necesarias como las innecesarias en nuestras relaciones por nuestra falta de coraje. ¿Es demasiado pedir que intentemos algo nuevo?
--extraido del fanzine Inside Front #13
Puntos sobre la Libertad y la Participación en las Comunas basadas en el Amor x Los Diggers
NOTA INTRODUCTORIA:Los
Diggers (de digger, excavador, labrador) surgidos en California a
mediados de la década de 1960 habrían tomado su nombre de los rebeldes
ingleses del siglo XVI cuyo comunismo agrario se basaba en el ideal
cristiano; la voz dig también tiene muchas otras acepciones vinculadas
con “apreciar”, “comprender”, etc. El grupo fue impulsado por Emmett
Grogan, un ex actor de la San Francisco Mime Troup, como movimiento
contra el dinero y por la gratuidad de bienes y servicios que organizó
voluntarios para distribuir ropa y alimentos, proveer albergues de
emergencia y ayudar de varias formas a los numerosos jóvenes que afluían
masivamente a las calles de esa ciudad en aquella década. El presente
manifiesto fue publicado por Alex Louwsiewkee en el fanzine inglés OZ Nº
4, bajo el título “The Digger thing es your thing... if you are really
turned on” y reproducido por Mario Maffi en La cultura underground, vol.
I, Anagrama, Barcelona, 1972.
1. La comuna basada en el amor es una organización anárquica exenta de complicaciones de tipo autoritario. Esto significa que no caben en ella los impostores megalómanos, jefes, amos ni charlatanes que fingen ser gurú.
2. En los límites de lo posible, todo el trabajo está distribui-do entre todos. No hay ninguna trampa como esa permanente “división del trabajo” que lleva inevitablemente a la división de las personas en clases diferentes.
3. Todos los conocimientos y las revelaciones son patrimonio común, disponible y gratis para todos. Esto quiere decir que no existe ningún profesionalismo monopolista. Esto significa también que los Diggers pueden convertirse (y se convertirán) en chicos y chicas versátiles e incluso universales con sus espléndidas potencialidades realizadas al máximo, y de este modo serán los progenitores de los seres totalmente conscientes e iluminados de la próxima Era del Acuario. Y cualquier digger contribuirá a la comuna basada en el amor en la medida de las propias posibilidades.
4. Todos los bienes materiales de la comuna se distribuyen entre los Diggers en la medida de las necesidades de cada cual o, cuando los bienes sean abundantes, estarán gratuitamente a disposición de todos.
5. Todos los trabajos pesados serán automatizados de manera de que todos tengan suficiente tiempo libre para dedicarse a sus propias actividades particulares.
6. Cada cual es libre de hacer lo que quiera a condición deque esto no signifique la castración de la libertad ajena.
7. Para asegurar una efectiva libertad personal, nadie estratado ni considerado como propiedad ajena; esto se aplica tanto a los niños como a los adultos. Nadie tiene “derechos” sobre los demás y los padres no tienen “derechos” sobre los hijos.
8. La libertad, el bienestar, la educación, la iluminación de los niños son responsabilidad de toda la comuna.
9. Para asegurar una efectiva libertad sexual, la relación sexual en el interior de una pareja, que podrá ser breve o prolongada, según la exigencia de las partes, se considera como un acuerdo recíproco libremente estipulado. Puede ser libremente roto en cualquier momento por una u otra parte y ambas pueden contraer acuerdos con nuevas partes: un acuerdo normal que cancela automáticamente el anterior. El acuerdo sexual se considera un asunto que concierne exclusivamente a la pareja en cuestión, y no está sujeto a interferencias de una tercera parte. Todos los problemas sexuales son discutidos libremente e ilustrados abiertamente.
10. No existen restricciones tales como leyes, cláusulas y reglamentos, ni presunciones como la respetabilidad y la moralidad farisaica y actitudes del tipo de “soy-mejor-que-tú”. El modo de vida de los Diggers siempre es materia de amor y comprensión.
Si todos los puntos citados se cumplen de manera completa, llevarán la práctica de la libertad y de la participación a un nuevo grado de elevación en la sociedad humana
1. La comuna basada en el amor es una organización anárquica exenta de complicaciones de tipo autoritario. Esto significa que no caben en ella los impostores megalómanos, jefes, amos ni charlatanes que fingen ser gurú.
2. En los límites de lo posible, todo el trabajo está distribui-do entre todos. No hay ninguna trampa como esa permanente “división del trabajo” que lleva inevitablemente a la división de las personas en clases diferentes.
3. Todos los conocimientos y las revelaciones son patrimonio común, disponible y gratis para todos. Esto quiere decir que no existe ningún profesionalismo monopolista. Esto significa también que los Diggers pueden convertirse (y se convertirán) en chicos y chicas versátiles e incluso universales con sus espléndidas potencialidades realizadas al máximo, y de este modo serán los progenitores de los seres totalmente conscientes e iluminados de la próxima Era del Acuario. Y cualquier digger contribuirá a la comuna basada en el amor en la medida de las propias posibilidades.
4. Todos los bienes materiales de la comuna se distribuyen entre los Diggers en la medida de las necesidades de cada cual o, cuando los bienes sean abundantes, estarán gratuitamente a disposición de todos.
5. Todos los trabajos pesados serán automatizados de manera de que todos tengan suficiente tiempo libre para dedicarse a sus propias actividades particulares.
6. Cada cual es libre de hacer lo que quiera a condición deque esto no signifique la castración de la libertad ajena.
7. Para asegurar una efectiva libertad personal, nadie estratado ni considerado como propiedad ajena; esto se aplica tanto a los niños como a los adultos. Nadie tiene “derechos” sobre los demás y los padres no tienen “derechos” sobre los hijos.
8. La libertad, el bienestar, la educación, la iluminación de los niños son responsabilidad de toda la comuna.
9. Para asegurar una efectiva libertad sexual, la relación sexual en el interior de una pareja, que podrá ser breve o prolongada, según la exigencia de las partes, se considera como un acuerdo recíproco libremente estipulado. Puede ser libremente roto en cualquier momento por una u otra parte y ambas pueden contraer acuerdos con nuevas partes: un acuerdo normal que cancela automáticamente el anterior. El acuerdo sexual se considera un asunto que concierne exclusivamente a la pareja en cuestión, y no está sujeto a interferencias de una tercera parte. Todos los problemas sexuales son discutidos libremente e ilustrados abiertamente.
10. No existen restricciones tales como leyes, cláusulas y reglamentos, ni presunciones como la respetabilidad y la moralidad farisaica y actitudes del tipo de “soy-mejor-que-tú”. El modo de vida de los Diggers siempre es materia de amor y comprensión.
Si todos los puntos citados se cumplen de manera completa, llevarán la práctica de la libertad y de la participación a un nuevo grado de elevación en la sociedad humana
Prólogo a "El amor libre: Eros y anarquía" x Osvaldo Baigorría
PDF de la Antología completa
Para defender al principio de amor libre se necesitan dosis parejas de inocencia y experiencia. Una vez desacralizados el matrimonio, la familia y la dupla varón-mujer unidos “de por vida”, ¿qué si no la inocencia puede vincular la libertad al amor, en especial si a éste se lo entiende como pasión o atracción entre seres de carne y hueso? La experiencia susurra al oído que la fidelidad es imposible, que la monogamia es una ilusión y que las leyes del deseo triunfan siempre sobre las leyes de la costumbre. La inocencia grita que el amor sólo puede ser libre, que la pluralidad de afectos es un hecho y que el deseo obedece a un orden natural, anterior y superior a todo mandato social establecido.
Podría suponerse que inocencia equivale a ingenuidad, así como experiencia a cinismo. Pero varios de los autores reunidos en esta antología intuyeron que la emulsión resultante de la fórmula “amor-libertad” es mucho más compleja. Nunca hubo algo más difícil que ser libertario en las cuestiones de amor. Se puede serlo ante la autoridad, el trabajo o la propiedad, pero ante los vaivenes del corazón no hay principio, norma o idea que se sostenga firme en su sitio. ¿Hay alguien más parecido a un esclavo que un enamorado?
En tiempos de relativa paz (es decir, sin guerras nacionales, civiles o religiosas declaradas), los celos son las causa primera de homicidios. En nombre del amor, el ser humano mata, posee y somete a sus semejantes, al tiempo que es poseído por una fuerza o potencia que irrumpe no se sabe bien de dónde y lo arrastra hacia algún destino imposible de vaticinar. La posesión es la antítesis de la libertad. ¿Cómo uno puede ser verdaderamente libre cuando ama? Sólo mediante una reinvención de la palabra amor.
Eros es el antiguo nombre de esa potencia. Antes de que adquiriese el carácter sentimental personificado en un joven hermoso, hijo de Afrodita y de padre incierto (Hermes, Ares o el propio Zeus), que volaba con alas doradas y disparaba flechas a los corazones, era una fastidiosa fuerza aérea de la naturaleza que, como la vejez o las plagas, debía ser controlada para que no perturbase el funcionamiento social. Se supone que fue el primero de los dioses, ya que, sin él, ningún otro habría nacido. De todas maneras, siempre fue demasiado irresponsable como para formar parte de la hegemónica familia de los Doce olímpicos.
Podemos imaginar distintos acuerdos y conflictos en la hipotética unión entre Eros y Anarquía, sobre todo si a esta última no la entendemos sólo como un orden social caracterizado por la ausencia de Estado. Se ha argumentado que an-arché es el rechazo de todo principio inicial o causa primera, de todo origen único y absoluto: “La causa primera nunca existió, nunca pudo existir… La causa primera es una causa que en sí misma no tiene causa o que es causa de sí misma” (Bakunin). Se ha descrito a la energía anárquica como un caos ciego de impulsos autónomos, así como una construcción voluntaria de formas asociativas entre fuerzas que luchan por afirmarse y reconocerse sin disolver las diferencias que las oponen (Proudhon). En vez de un modelo político utópico situado al final de los tiempos, se trataría de una potencia abierta a la creación constante de individuaciones (Simondon), acaso relacionada con la ancestral idea griega de apeiron que usó Anaximandro para describir ese fondo indefinido e indeterminado a partir del cual surgen sin cesar los seres individuales. Que este principio sin principio pueda unirse felizmente y sin peleas conyugales con aquel dios alado es algo que aún está por verse.
Por cierto, los autores aquí presentados no tienen una opinión única u homogénea sobre la pareja de Eros y Anarquía ni sobre su hijo legítimo: el amor libre. Por ejemplo: mientras que para Cardias -iniciador del experimento conocido como Colonia Cecilia en el Brasil del siglo XIX- el adulterio es la forma más indigna de ese amor, para Roberto de las Carreras la figura del Amante es bandera de lucha contra el matrimonio burgués, según el panfleto publicado en Montevideo en 1902, en el cual el autor relata cómo descubre a su propia mujer en brazos de otro hombre y, en vez de sentirse traicionado, exalta a la adúltera como la mejor alumna de su enseñanza erótico-libertaria.
Hemos titulado El amor libre a esta heterogénea -y mayormente heterosexual- selección de textos como homenaje a un título ya clásico de libros y artículos anarquistas y a un ideal que también pertenece a la tradición romántica y modernista. Se intenta mostrar así la diversidad de miradas históricas sobre la cuestión, reuniendo fragmentos escritos por militantes sociales en publicaciones de fin del siglo XIX y principios del XX, junto a otros de origen contracultural que, sin ser estrictamente anarquistas, presentan una sensibilidad libertaria en el tratamiento del tema.
Claro que se encontrarán suficientes acuerdos de fondo. El amor que aquí se llama libre es aquel que cuestiona toda doble moral, hipocresía o cinismo. Como dice René Chaughi en “El matrimonio es inmoral”: si dos personas desean unirse ante un dios, nada hay que criticar. Todo lo contrario: el problema es el carácter hipócrita de quienes aceptan someterse al rito religioso sin haber pisado una iglesia desde la primera comunión. La mentira pertenece, en esta concepción, al campo del enemigo. El militante anarco-erótico sería, ante todo, un moralista.
Durante mucho tiempo, amor libre fue sinónimo de unión libre: una relación no sujeta a leyes civiles ni religiosas. En épocas en las que el matrimonio era indisoluble y el divorcio un horizonte polémico, la libertad de dos personas de unirse con prescindencia de la ley y de separarse “cuando el amor llegue a su fin” era motivo de escándalo pero no contenía necesariamente la posterior idea de liberación sexual. Además, era por lo general una definición de vínculo entre un varón y una mujer, no entre dos o más mujeres ni entre dos o más varones. Esa propuesta hoy puede ser vista como una demanda que cuestionaba al matrimonio jurídico y a la moral del siglo XIX pero que, de algún modo, quedaría obsoleta durante la segunda mitad del XX.
No obstante, el amor plural, la camaradería amorosa o el “maridaje comunal” son relatos y prácticas que los anarquistas que más pensaron sobre el tema ya manejaban hace casi ciento cincuenta años como formas de relación en las cuales la expresión “amor libre” significa literalmente aquello que hoy sugiere a nuestros oídos. Los militantes que defendieron esos modelos intentaron resolver acaso la cuestión más delicada que puede plantearse entre dos que se aman: qué hacer cuando aparece el deseo por otros u otras.
A ese deseo se lo puede negar. O puede reconocerse su irrupción aunque se utilicen instrumentos de contención o represión. Puede satisfacérselo con encuentros ocasionales prohibidos pero intentando autocontrolarse (“no voy a enamorarme”). Mantener una relación paralela clandestina (“es sólo sexo”); o sostener una pareja abierta (“mi compañero lo sabe”); o lanzarse a experimentar dentro del laboratorio social modos diversos de intercambio de afectos y atracciones. Como ha dicho Woody Allen, el corazón es un órgano muy flexible.
Si observamos las distintas propuestas de formas innovado-ras de relacionarse, como las comunidades afectivas, el amor entre camaradas libres, el “abrazo polimorfo” o el “beso amorfista”, advertiremos que el grado de ruptura y la originalidad temática de estos autores no se destaca únicamente sobre el fondo de época en el que se desplegó su pluralidad de modelos. De hecho, ellos parecen tener vigencia en la medida en que perdure la compulsión bipersonal a entrar en pareja y casarse.
En verdad, sería difícil hallar un período histórico capaz de absorber o asimilar la radicalidad de algunas de estas soluciones a los problemas de la vida afectiva. Por ejemplo, la revolución sexual de la segunda mitad del siglo XX no es fácilmente homologable al amor libre, una noción más vieja y más contundente. Aunque la contracultura y el liberacionismo de las décadas de 1960-70 tenían influencias anárquicas, la idea de una sexualidad libre también se articuló con ciertos dispositivos de poder, incitó al sueño de múltiples intercambios sexuales sin pagar por ellos (libre en el sentido de free: gratuito) o bien legitimó la posibilidad de cosificar cuerpos acotados como objetos de deseo. Ya el reemplazo de “amor” por “sexo” implicó algún grado de pérdida de la inocencia.
En realidad, la noción de amor libre apunta más alto: no a la mera posibilidad de tener múltiples relaciones sexuales sino a la de amar a varias personas al mismo tiempo. Reintroduce la noción de camaradería, de compañerismo afectivo. Afirma que se puede querer bien a (querer el bien de) dos o más seres simultáneamente. Insiste en que uno siempre está amando a varios al mismo tiempo, aunque con diferentes intensidades y propósitos. Apuesta, por lo tanto, a una nueva educación sentimental.
Desde luego, a una idea tan guapa se le pueden excusar sus fragilidades. Éstas se encontrarán en las bases de su misma construcción. El amor libre también se asienta sobre un acuerdo, pacto o modelo de conducta que intenta cabalgar sobre los cambiantes desplazamientos del deseo. Y es difícil llevar la rienda, manejar, calcular la polifacética naturaleza del flujo que lleva a dos o más cuerpos a unirse o apartarse con la misma inesperada e incontrolada fuerza pasional.
Como lo advirtió Bataille, en el campo de Eros siempre está en juego la disolución de las formas constituidas. La fusión de los amantes, pese a sus promesas de felicidad recíproca, introduce la perturbación y el desorden, elevando la atracción a un punto tal que incluso la privación transitoria de la presencia del otro puede llegar a sentirse como una amenaza de muerte. Amar, en cierto sentido, es vivir en el temor de la posible pérdida del amado.
Esto es lo que detecta Malatesta. En contra del amor libre como construcción teórica superpuesta artificialmente para reemplazar a la pareja monogámica, el texto del militante obrero y agitador italiano introduce una problematización más profunda del vínculo entre amor y libertad. Sin esperanza alguna de que un cambio radical de costumbres elimine las penas de amor, Malatesta recuerda que este sentimiento, para ser satisfecho, precisa de dos libertades que concuerden y que la reciprocidad es una ilusión desde el momento en que uno puede amar y no ser amado.
Alguien se une a otro por cierta promesa implícita de que ello va a colmar sus necesidades de compañía, goce, contención. La promesa añade que esa satisfacción será (deberá ser) correspondida. Luego, el aferrarse a tales demandas convierte a unos y a otros en poseídos y posesos. Hay proporciones extremas y moderadas de apego, pero es verdaderamente raro encontrar un amor entre seres humanos que no esté atravesado por esa obsesión.
Por su parte, en la Enciclopedia Anarquista de Sebastián Faure (ver el anexo “Glosario no monogámico básico”), Jean Marestan reflexiona sobre la conveniencia de que el amor se ennoblezca mediante la inteligencia y se desplace desde la pasión hacia sentimientos más dulces y duraderos: el compañerismo, la amistad, el cariño, la estima; o sea, afectos más suaves, livianos, lentos o moderados. Allí también se critica el deseo de posesión que es considerado no un mal en sí mismo sino cuando toma las proporciones extremas de la apropiación y el acaparamiento.
O sea que aquí el amor no es ningún absoluto, ni una esencia universal inextinguible como lo sería un dios. Tampoco la libertad, un término relativo si los hay: siempre aparece en relación con otra cosa. Se es libre de algo o alguien. Libertad puede significar la ruptura de un mandato conyugal así como un librarse del amor entendido como atracción entre cuerpos. En este último caso, ser libre implicaría atravesar el campo del erotismo quizá para derivar hacia aquello que los cristianos llamaron agapè y los budistas karuna, más un amor-compasión que un amor-pasión, una entrega no egoísta a los otros, un don que se volcaría sobre todos los seres sin distinción. Un amor libre de atracción, posesividad, apego, propiedad. ¿Es posible? Si uno se libra del estar aferrado a una sola persona, ¿podrá sentir ese amor capaz de derramarse sobre todos sin diferenciación? ¿No es probable que termine, tarde o temprano, encadenándose a otro número limitado de objetos del deseo? Son preguntas que precisan ser encaradas si queremos entender mejor los puntos de tensión y equilibrio que presenta la conflictiva pareja de Eros y Anarquía.
A no dudarlo: en estas páginas se redefine al amor como un gesto que rompe las reglas sociales y económicas. Su fuerza destructora se dirige contra el cálculo, el interés, la manipulación; es decir, contra el mundo de lo profano y lo utilitario. Éstos serían los auténticos obstáculos para una voluntad de sentir que tiende a escapar de toda reglamentación. Los anarquistas del siglo XIX proponían destruir la familia jurídica justamente para que el sentimiento sea más sólido, durable, basado en una convicción interior. Se trataba, en suma, de reconocer, sincerar los vaivenes de la vida. Esa apuesta por la verdad es lo que convierte al amor libre en un principio esencialmente moral.
Sólo resta esperar que la fuerza de los argumentos expuestos en esta antología ilumine a quienes sospechan, sea por inocencia o experiencia, que ninguna forma ideal -ni siquiera la noción de amor libre- podrá colmar las expectativas de felicidad duradera (“para toda la vida”) de dos o más que se aman, así como ninguna convención, rito o regla aprobada ante testigos podrá sujetar por completo al anárquico movimiento de los corazones.
Buenos Aires, Abril de 2006.
Para defender al principio de amor libre se necesitan dosis parejas de inocencia y experiencia. Una vez desacralizados el matrimonio, la familia y la dupla varón-mujer unidos “de por vida”, ¿qué si no la inocencia puede vincular la libertad al amor, en especial si a éste se lo entiende como pasión o atracción entre seres de carne y hueso? La experiencia susurra al oído que la fidelidad es imposible, que la monogamia es una ilusión y que las leyes del deseo triunfan siempre sobre las leyes de la costumbre. La inocencia grita que el amor sólo puede ser libre, que la pluralidad de afectos es un hecho y que el deseo obedece a un orden natural, anterior y superior a todo mandato social establecido.
Podría suponerse que inocencia equivale a ingenuidad, así como experiencia a cinismo. Pero varios de los autores reunidos en esta antología intuyeron que la emulsión resultante de la fórmula “amor-libertad” es mucho más compleja. Nunca hubo algo más difícil que ser libertario en las cuestiones de amor. Se puede serlo ante la autoridad, el trabajo o la propiedad, pero ante los vaivenes del corazón no hay principio, norma o idea que se sostenga firme en su sitio. ¿Hay alguien más parecido a un esclavo que un enamorado?
En tiempos de relativa paz (es decir, sin guerras nacionales, civiles o religiosas declaradas), los celos son las causa primera de homicidios. En nombre del amor, el ser humano mata, posee y somete a sus semejantes, al tiempo que es poseído por una fuerza o potencia que irrumpe no se sabe bien de dónde y lo arrastra hacia algún destino imposible de vaticinar. La posesión es la antítesis de la libertad. ¿Cómo uno puede ser verdaderamente libre cuando ama? Sólo mediante una reinvención de la palabra amor.
Eros es el antiguo nombre de esa potencia. Antes de que adquiriese el carácter sentimental personificado en un joven hermoso, hijo de Afrodita y de padre incierto (Hermes, Ares o el propio Zeus), que volaba con alas doradas y disparaba flechas a los corazones, era una fastidiosa fuerza aérea de la naturaleza que, como la vejez o las plagas, debía ser controlada para que no perturbase el funcionamiento social. Se supone que fue el primero de los dioses, ya que, sin él, ningún otro habría nacido. De todas maneras, siempre fue demasiado irresponsable como para formar parte de la hegemónica familia de los Doce olímpicos.
Podemos imaginar distintos acuerdos y conflictos en la hipotética unión entre Eros y Anarquía, sobre todo si a esta última no la entendemos sólo como un orden social caracterizado por la ausencia de Estado. Se ha argumentado que an-arché es el rechazo de todo principio inicial o causa primera, de todo origen único y absoluto: “La causa primera nunca existió, nunca pudo existir… La causa primera es una causa que en sí misma no tiene causa o que es causa de sí misma” (Bakunin). Se ha descrito a la energía anárquica como un caos ciego de impulsos autónomos, así como una construcción voluntaria de formas asociativas entre fuerzas que luchan por afirmarse y reconocerse sin disolver las diferencias que las oponen (Proudhon). En vez de un modelo político utópico situado al final de los tiempos, se trataría de una potencia abierta a la creación constante de individuaciones (Simondon), acaso relacionada con la ancestral idea griega de apeiron que usó Anaximandro para describir ese fondo indefinido e indeterminado a partir del cual surgen sin cesar los seres individuales. Que este principio sin principio pueda unirse felizmente y sin peleas conyugales con aquel dios alado es algo que aún está por verse.
Por cierto, los autores aquí presentados no tienen una opinión única u homogénea sobre la pareja de Eros y Anarquía ni sobre su hijo legítimo: el amor libre. Por ejemplo: mientras que para Cardias -iniciador del experimento conocido como Colonia Cecilia en el Brasil del siglo XIX- el adulterio es la forma más indigna de ese amor, para Roberto de las Carreras la figura del Amante es bandera de lucha contra el matrimonio burgués, según el panfleto publicado en Montevideo en 1902, en el cual el autor relata cómo descubre a su propia mujer en brazos de otro hombre y, en vez de sentirse traicionado, exalta a la adúltera como la mejor alumna de su enseñanza erótico-libertaria.
Hemos titulado El amor libre a esta heterogénea -y mayormente heterosexual- selección de textos como homenaje a un título ya clásico de libros y artículos anarquistas y a un ideal que también pertenece a la tradición romántica y modernista. Se intenta mostrar así la diversidad de miradas históricas sobre la cuestión, reuniendo fragmentos escritos por militantes sociales en publicaciones de fin del siglo XIX y principios del XX, junto a otros de origen contracultural que, sin ser estrictamente anarquistas, presentan una sensibilidad libertaria en el tratamiento del tema.
Claro que se encontrarán suficientes acuerdos de fondo. El amor que aquí se llama libre es aquel que cuestiona toda doble moral, hipocresía o cinismo. Como dice René Chaughi en “El matrimonio es inmoral”: si dos personas desean unirse ante un dios, nada hay que criticar. Todo lo contrario: el problema es el carácter hipócrita de quienes aceptan someterse al rito religioso sin haber pisado una iglesia desde la primera comunión. La mentira pertenece, en esta concepción, al campo del enemigo. El militante anarco-erótico sería, ante todo, un moralista.
Durante mucho tiempo, amor libre fue sinónimo de unión libre: una relación no sujeta a leyes civiles ni religiosas. En épocas en las que el matrimonio era indisoluble y el divorcio un horizonte polémico, la libertad de dos personas de unirse con prescindencia de la ley y de separarse “cuando el amor llegue a su fin” era motivo de escándalo pero no contenía necesariamente la posterior idea de liberación sexual. Además, era por lo general una definición de vínculo entre un varón y una mujer, no entre dos o más mujeres ni entre dos o más varones. Esa propuesta hoy puede ser vista como una demanda que cuestionaba al matrimonio jurídico y a la moral del siglo XIX pero que, de algún modo, quedaría obsoleta durante la segunda mitad del XX.
No obstante, el amor plural, la camaradería amorosa o el “maridaje comunal” son relatos y prácticas que los anarquistas que más pensaron sobre el tema ya manejaban hace casi ciento cincuenta años como formas de relación en las cuales la expresión “amor libre” significa literalmente aquello que hoy sugiere a nuestros oídos. Los militantes que defendieron esos modelos intentaron resolver acaso la cuestión más delicada que puede plantearse entre dos que se aman: qué hacer cuando aparece el deseo por otros u otras.
A ese deseo se lo puede negar. O puede reconocerse su irrupción aunque se utilicen instrumentos de contención o represión. Puede satisfacérselo con encuentros ocasionales prohibidos pero intentando autocontrolarse (“no voy a enamorarme”). Mantener una relación paralela clandestina (“es sólo sexo”); o sostener una pareja abierta (“mi compañero lo sabe”); o lanzarse a experimentar dentro del laboratorio social modos diversos de intercambio de afectos y atracciones. Como ha dicho Woody Allen, el corazón es un órgano muy flexible.
Si observamos las distintas propuestas de formas innovado-ras de relacionarse, como las comunidades afectivas, el amor entre camaradas libres, el “abrazo polimorfo” o el “beso amorfista”, advertiremos que el grado de ruptura y la originalidad temática de estos autores no se destaca únicamente sobre el fondo de época en el que se desplegó su pluralidad de modelos. De hecho, ellos parecen tener vigencia en la medida en que perdure la compulsión bipersonal a entrar en pareja y casarse.
En verdad, sería difícil hallar un período histórico capaz de absorber o asimilar la radicalidad de algunas de estas soluciones a los problemas de la vida afectiva. Por ejemplo, la revolución sexual de la segunda mitad del siglo XX no es fácilmente homologable al amor libre, una noción más vieja y más contundente. Aunque la contracultura y el liberacionismo de las décadas de 1960-70 tenían influencias anárquicas, la idea de una sexualidad libre también se articuló con ciertos dispositivos de poder, incitó al sueño de múltiples intercambios sexuales sin pagar por ellos (libre en el sentido de free: gratuito) o bien legitimó la posibilidad de cosificar cuerpos acotados como objetos de deseo. Ya el reemplazo de “amor” por “sexo” implicó algún grado de pérdida de la inocencia.
En realidad, la noción de amor libre apunta más alto: no a la mera posibilidad de tener múltiples relaciones sexuales sino a la de amar a varias personas al mismo tiempo. Reintroduce la noción de camaradería, de compañerismo afectivo. Afirma que se puede querer bien a (querer el bien de) dos o más seres simultáneamente. Insiste en que uno siempre está amando a varios al mismo tiempo, aunque con diferentes intensidades y propósitos. Apuesta, por lo tanto, a una nueva educación sentimental.
Desde luego, a una idea tan guapa se le pueden excusar sus fragilidades. Éstas se encontrarán en las bases de su misma construcción. El amor libre también se asienta sobre un acuerdo, pacto o modelo de conducta que intenta cabalgar sobre los cambiantes desplazamientos del deseo. Y es difícil llevar la rienda, manejar, calcular la polifacética naturaleza del flujo que lleva a dos o más cuerpos a unirse o apartarse con la misma inesperada e incontrolada fuerza pasional.
Como lo advirtió Bataille, en el campo de Eros siempre está en juego la disolución de las formas constituidas. La fusión de los amantes, pese a sus promesas de felicidad recíproca, introduce la perturbación y el desorden, elevando la atracción a un punto tal que incluso la privación transitoria de la presencia del otro puede llegar a sentirse como una amenaza de muerte. Amar, en cierto sentido, es vivir en el temor de la posible pérdida del amado.
Esto es lo que detecta Malatesta. En contra del amor libre como construcción teórica superpuesta artificialmente para reemplazar a la pareja monogámica, el texto del militante obrero y agitador italiano introduce una problematización más profunda del vínculo entre amor y libertad. Sin esperanza alguna de que un cambio radical de costumbres elimine las penas de amor, Malatesta recuerda que este sentimiento, para ser satisfecho, precisa de dos libertades que concuerden y que la reciprocidad es una ilusión desde el momento en que uno puede amar y no ser amado.
Alguien se une a otro por cierta promesa implícita de que ello va a colmar sus necesidades de compañía, goce, contención. La promesa añade que esa satisfacción será (deberá ser) correspondida. Luego, el aferrarse a tales demandas convierte a unos y a otros en poseídos y posesos. Hay proporciones extremas y moderadas de apego, pero es verdaderamente raro encontrar un amor entre seres humanos que no esté atravesado por esa obsesión.
Por su parte, en la Enciclopedia Anarquista de Sebastián Faure (ver el anexo “Glosario no monogámico básico”), Jean Marestan reflexiona sobre la conveniencia de que el amor se ennoblezca mediante la inteligencia y se desplace desde la pasión hacia sentimientos más dulces y duraderos: el compañerismo, la amistad, el cariño, la estima; o sea, afectos más suaves, livianos, lentos o moderados. Allí también se critica el deseo de posesión que es considerado no un mal en sí mismo sino cuando toma las proporciones extremas de la apropiación y el acaparamiento.
O sea que aquí el amor no es ningún absoluto, ni una esencia universal inextinguible como lo sería un dios. Tampoco la libertad, un término relativo si los hay: siempre aparece en relación con otra cosa. Se es libre de algo o alguien. Libertad puede significar la ruptura de un mandato conyugal así como un librarse del amor entendido como atracción entre cuerpos. En este último caso, ser libre implicaría atravesar el campo del erotismo quizá para derivar hacia aquello que los cristianos llamaron agapè y los budistas karuna, más un amor-compasión que un amor-pasión, una entrega no egoísta a los otros, un don que se volcaría sobre todos los seres sin distinción. Un amor libre de atracción, posesividad, apego, propiedad. ¿Es posible? Si uno se libra del estar aferrado a una sola persona, ¿podrá sentir ese amor capaz de derramarse sobre todos sin diferenciación? ¿No es probable que termine, tarde o temprano, encadenándose a otro número limitado de objetos del deseo? Son preguntas que precisan ser encaradas si queremos entender mejor los puntos de tensión y equilibrio que presenta la conflictiva pareja de Eros y Anarquía.
A no dudarlo: en estas páginas se redefine al amor como un gesto que rompe las reglas sociales y económicas. Su fuerza destructora se dirige contra el cálculo, el interés, la manipulación; es decir, contra el mundo de lo profano y lo utilitario. Éstos serían los auténticos obstáculos para una voluntad de sentir que tiende a escapar de toda reglamentación. Los anarquistas del siglo XIX proponían destruir la familia jurídica justamente para que el sentimiento sea más sólido, durable, basado en una convicción interior. Se trataba, en suma, de reconocer, sincerar los vaivenes de la vida. Esa apuesta por la verdad es lo que convierte al amor libre en un principio esencialmente moral.
Sólo resta esperar que la fuerza de los argumentos expuestos en esta antología ilumine a quienes sospechan, sea por inocencia o experiencia, que ninguna forma ideal -ni siquiera la noción de amor libre- podrá colmar las expectativas de felicidad duradera (“para toda la vida”) de dos o más que se aman, así como ninguna convención, rito o regla aprobada ante testigos podrá sujetar por completo al anárquico movimiento de los corazones.
Buenos Aires, Abril de 2006.
El matrimonio es inmoral x Rene Chaughi
El futuro esposo se dirige al padre y a la madre y les pide permiso para acostarse con su hija. Esto es ya de un gusto dudoso. ¿Qué responden los padres? Deseosos de asimilar su hija a esas damas tan necias, ridículas y distinguidas como ricas, quieren conocer el contenido de su portamonedas, su situación en el mundo, su porvenir; en una palabra, saber si es un tonto serio. No hay otra expresión mejor para calificar a este tratante.
Veamos a nuestro joven aceptado. No pensemos que la serie de inmoralidades está cerrada: no hace más que comenzar. Desde luego, cada uno va en busca de su notario, y tienen principio, entre las dos partes, largas y agrias discusiones de comerciante en las que cada uno quiere recibir mucho más de lo que da; dicho de otro modo: en las que cada uno trata de hacer su negocio. La poca inclinación que los dos jóvenes pueden sentir el uno por el otro, los padres parecen empeñarse en desvanecerla, emporcándola y ahogándola bajo sórdidas preocupaciones de lucro. Después vienen las amonestaciones en las que se hace saber, a son de trompetas, que en tal fecha el señor “X” fornicará, por primera vez, con la señorita “Y”.
Pensando en estas cosas, uno se pregunta cómo es posible que una muchacha reputada y púdica pueda soportar todo esto sin morirse de vergüenza. Pero es, sobre todo, el día de la boda, con sus ceremonias y costumbres absurdas, lo que encuentro profundamente inmoral y, digámoslo en una palabra, obsceno. Aparece la prometida arreglada -como los antiguos adornaban a las víctimas antes de inmolarlas sobre el altar- con vestimentas ridículas; esa ropa blanca y esas flores de azahar forman un símbolo completamente fuera de lugar: fijan la atención sobre el acto que se va a realizar y se hacen insistentes de una manera vergonzosa.
¿Hablaré de los invitados? ¿De su modo de vestir tan pretenciosamente abobado, sus arreos tan risibles como enfáticos, sus maneras pomposas y tontas, sus juegos de una fealdad extraordinaria? ¿Enumeraré todas estas gentes estiradas, empomadas, acicaladas, enfileradas, apretadas, rizadas, embutidas en sus vestimentas, los pies magullados en estrechas botinas, las manos comprimidas por los guantes, el cogote molido por el cuello postizo; todo este mundo preocupado de no ensuciarse, ansioso de engullir, “hambrones”, como les dice el poeta, venidos con la esperanza de procurarse una de esas comidas que forman época en la existencia de un hombre gorrón?
¿Cómo pueden dos jóvenes resolverse, sin repugnancia, a comenzar su dicha ante una decoración tan abominablemente grotesca, a realizar su amor entre estas máscaras y en medio de tan asquerosas caricaturas?
En la calle se corre para verlos: totalmente son cómicos; las comadres asoman a las puertas, los chiquillos gritan y corren. Cada uno procura ver a la desposada: los hombres con ojos de codicia, las mujeres con miradas denigrantes; y, por todo, se oyen soeces alusiones a la noche nupcial, frases de doble sentido que dejan entender -¡oh, tan discretamente!- que el esposo no pasará mal rato. Y ella, pobre muchacha, el dulce cordero, causa y fin de tan estúpidas bromas, cuyas tres cuartas partes llegan a sus oídos, sin duda alguna, ¿se esconde en un rincón del carruaje, tras la obesidad propicia de sus padres? ¡Oh, no! Ella, entronizada descaradamente en su carruaje, se asoma a la ventanilla sonriente para atraer la atención de la multitud. Y lo que la vuelve radiante de alegría, mucho más que el amor del prometido y la legítima satisfacción fisiológica, es considerarse mirada y envidiada; es poder eclipsar -aunque no sea más que por un día- a las peor vestidas, burlarse de sus antiguas amigas que permanecen solteras, crear en torno de sí celos y tristezas, en fin, ostentar esa ropa impúdica que la ofrece a las risas del público y debían llenarla de vergüenza. Bien considerado, todo esto es de un cinismo que subleva.
Después, en la alcaldía, donde oficia un señor cualquiera, sin otro prestigio que la ostentación de una banda azul, blanca y roja. Tras la desolante lectura de algunos artículos de un código idiota, humillante e insultante para la dignidad de los dos seres a quienes se aplican, el individuo de la banda patriótica pronuncia una elocución vulgar, pedestre, y todo está terminado. He ahí nuestros dos héroes unidos definitivamente. Sin esa algarabía preliminar, la fornicación de esta noche habría sido una cosa impropia y criminal; pero gracias, sin duda, a las palabras mágicas del hombre de la banda tricolor, ese mismo acto es una cosa sana y normal... ¡Qué digo!, un deber social. ¡Oh, misterio ante el cual aquello de la Trinidad no es más que un juego de niños!
Por mi parte hubiera creído todo lo contrarío. Me parece que un joven y una muchacha que por primera vez se deciden a ejecutar el acto sexual, antes hubieran procurado evitar la publicidad. El acto sexual, aun efectuado de incógnito, no deja de producir molestias; con mayor motivo ante testigos. Parece que esto es inmoral, y que lo moral, noble y delicado es ir a hacer confidencias a un cagatintas gracioso, obtener un permiso, hacerse inscribir y numerar en un registro, como los caballos de carrera cuya descendencia se vigila o el rebaño que se cruza sabiamente.
¿Cómo no ver que si el Estado requiere estas formalidades ultrajantes es sólo por propio interés, a fin de no perder de vista a sus contribuyentes, de conservarlos en el espíritu de obediencia y de poder echar mano fácilmente sobre los futuros vástagos? Es preciso estar inscrito en alguna parte; y si no es en la Alcaldía, será en la Prefectura de Policía. En lista, siempre en lista; no escapamos. El matrimonio es un medio de esclavizar más a los hombres. Defendedle, pues, como instrumento de dominación, como sostén del orden actual si queréis. Pero no habléis de moral.
El cortejo se forma para ir a la iglesia. La sanción que el matrimonio civil no ha podido otorgar a la unión de dos jóvenes, ¿la dará el matrimonio religioso? Sí, si ellos creen en un Dios y ven en el sacerdote su representante terrestre. En tal caso nada hay que decir. Esto admitido, puede admitirse encima todo cuanto se quiera, y es preciso no extrañarse de nada.
Pero no ocurre así la mayoría de las veces. Algunos no ponen los pies en ninguna iglesia después de la primera comunión. Y si entran hoy, es para hacer como los demás: por conveniencia y, sobre todo, para que la ceremonia sea más bella, la fiesta más completa; para ejecutar su ejercicio ante una luz más viva aún, más brillante.
Durante la misa, las damas murmuran, secretean, ordenando los pliegues de sus vestidos, procurando hacer valer sus gracias y salpicándose mutuamente, haciendo carantoñas bajo las miradas libidinosas de los hombres. Éstos, mirando de soslayo, lanzan frases gordas, sintiendo impaciencia por cargar con tales mujeres. Y mientras el cura con cara socarrona amonesta a los nuevos esposos, el sacristán ataca a los bolsillos de los asistentes.
Los jóvenes esposos han comenzado su unión mintiéndose a sí mismos y mintiendo a los demás, aceptando una fe que no es la suya, prestando el apoyo de su ejemplo a creencias que ellos juzgan quizá perjudiciales, seguramente erróneas y de las que se reirán entre bastidores. Este bonito debut de existencia en la mentira y la hipocresía parece ser la sanción definitiva de su unión, el sello misterioso que la proclama santa e irrevocable. Esta moral es para nosotros el colmo de la inmoralidad. Guardaos de ella.
Una vez hartos los invitados, toman de nuevo los coches, a fin de exhibirse por última vez ante el público: “Miren bien a la desposada vestida de blanco, señoras y caballeros; todavía es pura; pero esta noche dejará de serlo. Es aquel joven gallardo quien se encarga de ello. Séquense los ojos, que nada cuesta”. Por un momento se los invitará a palpar. Todos los viandantes se animan ante la vista de esta bestia curiosa... que sueñan poseer. ¿De cuánta inconciencia debe estar dotada una muchacha para aguantar eso sin saltarle el corazón?
La jornada, tan bien comenzada, acaba aún mejor. Se preludia el ayuntamiento de cuerpos, por medio de una costumbre gráfica general. Algunos, en vista de la boda, ayunan muchos días. Se atiborran. El exceso de nutrición y de vinos hincha el rostro, inyecta los ojos, embrutece más los cerebros; los estómagos se congestionan y también los bajo vientres. En un acuerdo tácito, todos los pensamientos convergen hacia la obra de reproducción; las conversaciones se vuelven genitales. Con velada frase se reproduce la buena picardía de nuestros padres; toda la deliciosa pornografía que floreció bajo el sol de Francia triunfa de nuevo. Las risas se mezclan a los eructos de la digestión penosa. Y todos los ojos acechan ávidamente la sofocación creciente de las mejillas de la esposa. En vano. La casta muchacha de frente pura parece tan desahogada ante esta ignominia como un viejo senador en una casa de citas. No chista. Y gracias que a los postres no venga algún cuplé picaresco a excitar de nuevo el erotismo de los convidados y se haga necesario, en casa de la desposada, un simulacro de confusión. Parece como que se quiere envilecer, a los ojos de los nuevos esposos, la función por la cual se han unido; parece que quieren volverla más bestial de lo que ella es en sí, como si fuese necesario que su realización se acompañe de una indigestión, como si fuese indispensable que una tan delicada e importante revelación se inaugurase ante una asamblea de borrachos.
¡Ah! Mira, desgraciada, mira todas estas gentes honradas que devuelven por la boca el exceso de comida con que se atragantaron. Éstas son las personas virtuosas que profesan una moral rígida. Están casados también; sus juergas han recibido la sanción legal y el sello divino; también los monos deformes que ellos engendran son de una cualidad superior a la de los demás. Míralos: éste de aquí tiene toda una progenitura en la ciudad; el otro se hace fabricar sus herederos por el vecino de encima; el señor y la señora “X” se arañan diariamente; aquéllos están separados, éstos divorciados; este vejete compró a buen precio a esa hermosa muchacha; este joven se casó con esa vieja por su dinero; en cuanto a aquel matrimonio de allá, todos saben que prospera, a pesar de ser tenido por modelo, gracias a las escapadas de la esposa y a los ojos, complacientemente cerrados, del marido. Y es, quizás, el menos repugnante de todos, puesto que, al menos, esos dos se entienden perfectamente. Pero todas estas gentes son honradas; todas ellas se han hecho inscribir. Sus porquerías han recibido el visto bueno del hombre de la banda tricolor y del hombre de la sobrepelliz. Por eso son bien recibidos en todas partes, mientras que las puertas se cierran para aquellos que han cometido la torpeza de amarse lealmente, sin número de orden y sin ceremonia alguna. ¡La cámara nupcial...!
Teóricamente, la desposada nada sabe del misterio de los sexos; ignora el fin verdadero, único, del matrimonio. Si sabe alguna cosa, es fraudulentamente y en menosprecio de las indicaciones maternales. ¿Qué vale, pues, este “sí” que ha dado ante una demanda cuya entera significación desconoce? ¿Qué caso hacen, pues, de su personalidad en todo esto, disponiendo de su cuerpo sin su consentimiento, al dejarla, ángel de candor, flor de pureza, entre los brazos de un pimiento sobreexcitado e inconsciente? ¡Qué! ¿Ustedes le darán vuestra hija a un individuo cualquiera, que apenas los conoce, quizá plagado de vicios extraños, en el que la educación carnal, sexual, se ha hecho quién sabe dónde; ustedes la abandonarán para que hagan de ella su fantasía secreta, y eso sin prevenirla? ¡Pues esto es monstruosamente abominable! ¡Pues esto es una esclavitud peor que las otras, más infamante y más horrorosa que ninguna! ¿Qué puede haber más forzado para una mujer que ser poseída a pesar suyo? ¿El acto sexual no es, según que se consienta o no, la más grande alegría de las alegrías o la más grande de las humillaciones?
¡Ah, si la libertad está de acuerdo con la moral, debe existir en la cuestión del amor o en parte alguna! Este matrimonio no es más que una violencia pública preparada en una orgía.
Texto publicado en la antología El amor libre: la revolución sexual de los anarquistas, Rodolfo Alonso Editor, Buenos Aires, 1973.
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