El matrimonio y el amor no tienen nada en común; están tan lejos entre
sí como los dos polos y son, incluso, antagónicos. El matrimonio es ante
todo un acuerdo económico, un seguro que sólo se diferencia de los
seguros de vida corrientes en que es más vinculante y más riguroso. Los
beneficios que se obtienen de él son insignificantes en comparación con
lo que hay que pagar por ellos. Cuando se suscribe una póliza de
seguros, se paga en dinero y se tiene siempre la libertad de interrumpir
los pagos. En cambio, si la prima de una mujer es un marido, tiene que
pagar por él con su nombre, su vida privada, el respeto hacia sí misma y
su propia vida “hasta que la muerte los separe”. Además, el seguro de
matrimonio la condena a depender del marido de por vida, al parasitismo,
a la completa inutilidad, tanto desde el punto de vista individual como
social. También el hombre paga su tributo, pero como su esfera de vida
es mucho más amplia, el matrimonio no lo limita tanto como a la mujer.
Las cadenas del marido son más bien económicas.
Vivimos en una
época de pragmatismos. Ya no estamos en los tiempos en que Romeo y
Julieta se arriesgaban a desafiar la ira de sus padres por amor, o en
que Margarita se exponía a las habladurías de sus vecinos también por
amor. La norma moral que se inculca a la joven no es preguntarse si el
hombre ha despertado su amor, sino “cuánto gana”. El único dios y la
única cosa importante de la vida pragmática norteamericana es: ¿Puede
el hombre ganarse la vida? Eso es lo único que justifica el matrimonio.
Poco a poco se van saturando con ello los pensamientos de la muchacha,
que ya no sueña con besos y claros de luna, o con risas y lágrimas, sino
con ir de compras y conseguir rebajas en las tiendas. Esa pobreza de
alma y esa sordidez son los elementos inherentes a la institución del
matrimonio.
Esta institución convierte a la mujer en un parásito y
la obliga a depender completamente de otra persona. La incapacita para
la lucha por la vida, aniquila su conciencia social, paraliza su
imaginación y le impone después graciosamente su protección, que es en
realidad una trampa, una parodia del carácter humano. Si la maternidad
es la mayor realización de la mujer, ¿qué otra protección necesita sino
el amor y la libertad? El matrimonio profana, ultraja y corrompe esa
realización. ¿Acaso no le dice a la mujer que solamente bajo su
protección podrá dar la vida? ¿No la pone en la picota y la degrada y
la avergüenza si se niega a comprar su derecho a la maternidad con su
propia persona? ¿Acaso el matrimonio no sanciona la maternidad, aunque
se haya concebido con odio o por obligación? Y cuando la maternidad ha
sido elegida, producto del amor, del éxtasis, de la pasión desafiante,
¿no se coloca una corona de espinas en una cabeza inocente, grabando en
letras de sangre el odioso epíteto de “bastardo”?
Aun en el caso
de que el matrimonio contuviera todas las virtudes que de él se afirman,
sus crímenes contra la maternidad lo excluirían para siempre del reino
del amor. El amor, el elemento más fuerte y profundo de toda vida,
presagio de esperanzas, de alegría, de éxtasis; el amor que desafía a
todas las leyes, a todas las convenciones; el amor, el más libre, el más
poderoso modelador del destino humano, ¿cómo puede esa fuerza
todopoderosa ser sinónimo del pobre engendro del Estado y de la Iglesia
que es el matrimonio?
¿Amor libre? ¿Acaso el amor puede ser otra
cosa más que libre? El hombre ha comprado cerebros, pero todos los
millones del mundo no han logrado comprar el amor. El hombre ha
sometido los cuerpos, pero todo el poder de la tierra no ha sido capaz
de someter al amor. El hombre ha conquistado naciones enteras, pero
todos sus ejércitos no podrían conquistar al amor. El hombre ha
encadenado y aprisionado el espíritu, pero no ha podido nada contra el
amor. Encaramado en un trono, con todo el esplendor y pompa que pueda
procurarle su oro, el hombre se siente pobre y desolado si el amor no se
detiene a su puerta. Cuando existe amor, la cabaña más pobre se llena
de calor, de vida y de alegría; el amor tiene el poder mágico de
convertir a un pordiosero en un rey. Sí, el amor es libre y no puede
medrar en ningún otro ambiente. En libertad, se entrega sin reservas,
con abundancia, completamente. Todas las leyes y decretos, todos los
tribunales del mundo no podrán arrancarlo del suelo en el que haya
echado raíces. El amor no necesita protección porque él se protege a sí
mismo.
Mientras es el amor el que engendra a los hijos, no hay
niños abandonados, hambrientos o carentes de afecto. Conozco a mujeres
que fueron madres en libertad con el hombre al que amaban. Pocos hijos
han disfrutado dentro del matrimonio del cuidado, protección y devoción
que la maternidad libre es capaz de depararles. Los defensores de la
autoridad temen la maternidad libre por miedo a que se les desposea de
su presa. ¿Quién lucharía entonces en las guerras? ¿Quién haría de
carcelero o policía si las mujeres se negaran a dar a luz
indiscriminadamente? “¡La raza, la raza!”, gritan el rey, el
presidente, el capitalista, el sacerdote. Hay que salvar a la raza,
aunque la mujer sea degradada al papel de pura máquina, y la institución
del matrimonio es la única válvula de seguridad contra el peligroso
despertar sexual de la mujer.
Pero son inútiles estos esfuerzos
desesperados por mantener un estado de esclavitud. Son inútiles también
los edictos de la Iglesia, los fieros ataques de los dictadores, e
incluso el brazo de la ley. La mujer no quiere seguir siendo la
productora de una raza de seres humanos enfermos, débiles, decrépitos y
miserables, que no tienen ni la fuerza ni el valor moral de sacudirse
el yugo de su pobreza y de su esclavitud. En lugar de ello, desea menos
hijos y mejores, engendrados y criados con amor y por libre elección, y
no por obligación como en el matrimonio.
Nuestros
pseudomoralistas tienen que aprender el profundo sentido de
responsabilidad para con el niño que el amor en libertad despierta en el
pecho de la mujer. Ésta preferiría renunciar para siempre a la
maternidad antes que dar la vida en una atmósfera donde sólo se respira
la destrucción y la muerte. Y, si se convierte en madre, es para dar al
niño lo mejor y lo más profundo de su ser. Su lema es desarrollarse con
el niño, y sabe que sólo de esa manera podrán formarse los verdaderos
hombres y las verdaderas mujeres.
En realidad, en nuestro actual
estado de pigmeos, el amor es algo desconocido para la mayoría de la
gente. No se le comprende, se lo esquiva y muy raras veces arraiga; y
cuando lo hace, pronto se marchita y muere. Su fibra delicada no puede
soportar la tensión y los esfuerzos del vivir cotidiano. Su alma es
demasiado compleja para ajustarse a la viscosa textura de nuestra trama
social. Llora, se lamenta y sufre con los que lo necesitan y, sin
embargo, carecen de capacidad para elevarse a su altura.
Algún
día, los hombres y las mujeres se elevarán y alcanzarán la cumbre de
las montañas; se encontrarán grandes, fuertes y libres, dispuestos a
recibir, a compartir y a calentarse en los dorados rayos del amor. ¿Qué
imaginación, qué fantasía, qué genio poético puede prever, aunque sea
aproximadamente, las posibilidades de esa fuerza en las vidas de los
hombres y las mujeres? Si en el mundo tiene que existir alguna vez la
verdadera compañía y la unidad, el padre será el amor y no el
matrimonio.
domingo, 6 de julio de 2014
El amor entre anarco-individualistas x Emile Armand
Antes de exponer el punto de vista individualista-anarquista frente a la
cuestión “sexual”, es necesario ponerse de acuerdo sobre la expresión
libertad. Se sabe que la libertad no podría ser un fin, ya que no hay
libertad absoluta; como tampoco hay verdad general, prácticamente
hablando; no existen sino libertades particulares, individuales. No es
posible escapar a ciertas contingencias. No se puede ser libre, por
ejemplo, de no respirar, de no asimilarse y desasimilarse... La
Libertad, como la Verdad, la Pureza, la Bondad, la Igualdad, etc., no es
más que una abstracción. Luego, una abstracción no puede ser un
objetivo.
Considerada, al contrario, desde un punto de vista particular, dejando de ser una abstracción, tornándose una vía, un medio, la libertad se comprende.
En este sentido, se reclama la libertad de pensar, es decir, de poder, sin ningún obstáculo exterior, expresar de palabra o por escrito los pensamientos de la forma que se presenten ante el espíritu.
Vida intelectual, vida artística, vida económica, vida sexual: los individualistas reclaman para ellas la libertad de manifestarse plenamente, según los individuos, a tenor de la libertad de los individuos, fuera de las concepciones legalistas y de los prejuicios de orden religioso o civil. Reclaman para ellas, consideradas cual inmensos ríos, por donde se vierte la actividad humana, que puedan resbalar sin ningún obstáculo; sin que las esclusas del “moralismo” y del tradicionalismo atormenten o enloden su caudal. Mejor que éstos son las libertades con sus errores impetuosos, con sus nerviosos sobresaltos, con sus impulsivos malos efectos de retroceso. Entre la vida al aire libre y la vida de bodega, elegimos la vida al aire libre.
Los individualistas han rendido un merecido servicio a los que quieren conquistar la libre discusión de las cuestiones sexuales, extendiendo las nociones de libertad sexual y de amor libre, sin que por ello creyeran haber descubierto el amor libre: desde tiempos inmemoriales, el coito ha sido practicado extramoralmente y extralegalmente; hubo esposas que tuvieron amantes y maridos que tuvieron queridas.
Los individualistas no quieren codificar el amor en un sentido o en otro. Tratan la cuestión sexual como un capítulo de historia natural. Después de haber demostrado que el amor era tan analizable como cualquier otra facultad humana, reivindican para cada uno la absoluta facultad de adherirse a la tendencia amorosa que pueda responder mejor a su temperamento, favorecer su desarrollo y corresponder a sus aspiraciones.
Así, pues, los constituyentes de una pareja dada pueden permanecer unidos toda su vida a la costumbre monógama, como una puede practicar la unicidad y la otra la pluralidad. Puede suceder que, después de cierto tiempo, la unidad en amor aparezca preferible a la pluralidad, y viceversa. La existencia de experiencias amorosas simultáneas puede comprenderse tanto mejor cuanto que de experiencia a experiencia los grados de sensación morales, afectivas o voluptuosas, varían a veces hasta el punto en que puede deducirse que ninguna se parece a las que la precedieron o se siguen paralelamente. Son solamente cuestiones individuales, y nada más. Tal es el punto de vista individualista.
El amor libre comprende -y la libertad sexual implica- una serie de variedades adaptables a los diversos temperamentos amorosos o afectivos: constantes, volátiles, tiernos, apasionados, voluptuosos, etc. Y reviste una multitud de formas, variando desde la monogamia simple a la pluralidad simultánea: parejas pasajeras o duraderas; hogares de más de dos, poligínicos-poliándricos; uniones únicas o plurales, ignorando la cohabitación; afecciones centrales basadas sobre afinidades de orden más bien sentimental o intelectual, en torno de las cuales gravitan amistades, relaciones de un carácter más sensual, más voluptuoso, más caprichoso; no miran los grados de parentesco y admiten muy bien que un lazo sexual pueda unir también parientes muy cercanos; lo que importa es que cada cual encuentre en ello su parte; y, como la voluptuosidad y la ternura son aspectos de la alegría del vivir, que todos vivan con plenitud su vida sexual o sentimental, haciendo dichoso a otro en torno suyo. El individualista no desea otra cosa.
Hay gente que no acierta a comprender cómo un hombre llegado a edad madura pueda enamorarse de una joven. O, recíprocamente, que una joven pueda enamorarse de un hombre llegado al otoño de su vida. Es un prejuicio. Hay años en los que el otoño es tan bello que hace reflorecer los árboles. Así es también con ciertos seres humanos, que poseen un temperamento amoroso hasta la penúltima aurora de su existencia, la cual no cede a su primera juventud ni la espontaneidad ni la frescura. Un ser llegado a su otoño puede poseer dones naturales que engendren la seducción; por ejemplo, ser atrayente debido a un pasado aventurero y fuera de lo ordinario.
Los que han experimentado y sentido mucho en el dominio de la sensualidad sexual están, indudablemente, más calificados para iniciar a los jóvenes porque, generalmente, proceden con una delicadeza y una suavidad que ignora la fogosidad de la adolescencia.
Por otra parte, las necesidades sexuales son más imperiosas en ciertos períodos de la vida individual que en otros: existen estadios de la existencia personal durante los cuales la ternura y el arraigo son de un más alto valor que el de la pura satisfacción sensual. La observación de todos estos matices es la que constituye el amor libre aplicado, la práctica de la libertad sexual. Como todas las fases de la vida individualista, el amor libre, la libertad sexual, son una experiencia de la que cada uno extrae las conclusiones que mejor convienen a su propia emancipación.
No he llegado a las ideas que expongo sin haber reflexionado larga y profundamente. Ni la pareja ni la familia me parecen aptos, bien convencido estoy, para desarrollar la concepción anarquista de la vida. La familia es un Estado en pequeño hasta cuando los padres son anarquistas; con mucha más razón cuando no lo es más que uno de ellos, y cuando los chicos se ven sometidos a un contrato muy parecido al social, un con-trato impuesto. No niego que la cuestión es ardua y delicada en exceso; pero admitidas las mejores condiciones, la convivencia constante en un mismo medio familiar crea en la criatura una disposición de hábito, una adquisición de costumbres, la práctica de una cierta rutina ética cuyos residuos conserva por mucho tiempo y que salen al paso de su formación autónoma. Bien raro es el medio familiar en que al niño no se lo haga doblegarse a la mentalidad media, o hacer como que se doblega, que es aún peor.
Lo mismo ocurre con la pareja que ignora “los amores laterales”, cuyos constituyentes terminan por compenetrarse en la manera de ver las cosas, de sentir, hasta en las manías de uno y otro. Aquí su individualidad desaparece, su personalidad se anonada, se quedan sin iniciativa propia.
Yo no niego -nadie ha habido que lo niegue- que la monogamia no convenga a ciertos -pongamos muchos- temperamentos. Mas basándome en el estudio profundo que de estas cuestiones tengo hecho, me reservo proclamar que la monogamia o la monoandria empobrecen la personalidad sentimental, estrechan el horizonte analítico y el campo de adquisición de la unidad humana.
Oigo decir que la monogamia es superior a otra forma cualquiera de unión sexual. Diferente, sí; superior, no. La historia nos muestra que los pueblos no monógamos en nada ceden, en cuanto a literatura o ciencia se refiere, a los monógamos. Los griegos eran disolutos, incestuosos, homosexuales, enaltecían la cortesana. Veamos la obra artística y filosófica que realizaron. Comparemos la producción arquitectónica y científica de los árabes polígamos con la ignorancia y la tosquedad de los cristianos monógamos de la misma época.
Además, no es cierto como se presume que la monogamia o la monoandria sean naturales. Son artificiales, por el contrario. En donde quiera que sea, si el arquismo no interviene (el arquismo, es decir, la ley y la policía) ni impone su severidad, hay impulso a la promiscuidad sexual. Representémonos las bacanales, saturnales, florales de la Antigüedad -fiestas carnavalescas medioevales, kermesses flamencas, clubs eróticos del siglo de los enciclopedistas-, verbenas contemporáneas. Reacciones que pueden o no gustarme, pero reacciones al fin.
Los sentimientos se hallan sujetos a enfermedades, al igual que todas las facultades o funciones, lesionadas o desgastadas. La indigestión es una enfermedad de la función nutritiva, llevada al exceso. El cansancio es el “surmenage” producido por el ejercicio. La tisis pulmonar es la enfermedad del pulmón lesionado. El sacrificio es la ampliación de la abnegación. El odio es, a menudo, una enfermedad del amor. Los celos, otra.
El nacionalismo, el chauvinismo o la patriotería, la belicosidad, la explotación y la dominación se encuentran en germen en los celos, en el acopio, en el exclusivismo amoroso, en la fidelidad conyugal. La moralidad sexual aprovecha siempre a los partidos retrógrados, al conservadorismo social. Moralismo y autoritarismo están enlazados uno a otro como la hiedra al roble.
En una novela utópica de M. Georges Delbruck, En el país de la armonía, uno de los personajes, una mujer, define los celos en términos lapidarios: “Para el hombre, afirma ella, el don de la mujer implica la posesión de dicha mujer, el derecho de dominarla, de apalear su libertad, la monopolización de su amor, la interdicción de amar a otro; el amor sirve de pretexto al hombre para legitimar su necesidad de dominio; esta falta de concepción del amor está de tal forma anclada entre los civilizados que no dudan en pagar con su libertad la posibilidad de destruir la libertad de la mujer que pretenden amar”. Este cuadro es exacto, pero se aplica tanto a la mujer como al hombre. Los celos de la mujer son tan monopolizadores como los del hombre.
El amor tal y como lo entienden los celosos es, por consiguiente, una categoría del arquismo. Es una monopolización de los órganos sexuales, palpables, de la piel y del sentimiento de un humano en provecho de otro, exclusivamente. El estatismo es la monopolización de la vida y de la actividad de los habitantes de toda una comarca en provecho de los que la administran. El patriotismo es la monopolización en provecho de la existencia del Estado, de las fuerzas vivas humanas, de todo un conjunto territorial. El capitalismo es la monopolización a beneficio de un pequeño número de privilegiados, en cuya posesión se encuentran las máquinas y los géneros necesarios a la vida, de todas las energías y facultades productoras del resto de los hombres.
La monopolización estatista, religiosa, patriótica, capitalista, etc., está en germen en los celos, pues es evidente que éstos han precedido las dominaciones política, religiosa, capitalista.
A los celosos convencidos que afirman que los celos son una función del amor, los individualistas recordarán que, en su sentido más elevado, el amor puede también consistir en querer, por encima de todo, la dicha de quien se ama, en querer hallar alegría en la realización al máximo de la personalidad del objeto amado. Este razonamiento, este pensamiento, en quienes lo alimentan, termina casi siempre por curar los “celos sentimentales”.
En amor, como en todo lo demás, sólo es la abundancia lo que aniquila los celos y la envidia. De la misma forma que la satisfacción intelectual se deriva de la abundancia cultural puesta a la disposición del individuo; del mismo modo que aplacar el hambre se deduce de la abundancia de alimento puesto a la disposición del individuo..., la eliminación de los celos depende de la “abundancia” sensual y sentimental que pueda reinar en el medio en donde el individuo se desenvuelve.
¿Y de qué forma se aderezará esta abundancia para que nadie sea dejado a un lado, puesto aparte, “sufra”, por así decirlo? He aquí la cuestión que ha de resolverse. En su Teoría Universal de la Asociación, Fourier lo tenía resuelto constituyendo el matrimonio de tal forma “que cada uno de los hombres pueda tener todas las mujeres y cada una de las mujeres todos los hombres”.
Ése es el remedio para los celos, el exclusivismo sentimental o la apropiación sexual, remedio que yo resumiré en esta fórmula tomada a Platón: “Todos a todas, todas a todos”. ¿Podrá este remedio conciliarse con los principios del individualismo anarquista, convenir a individualistas?
Mi respuesta es que conviene ciertamente a los individualistas prestos, para tomar una expresión de Stirner, perder algo de su libertad para que se afirme su individualidad. ¿Qué persiguen asociándose, en el dominio sentimental sexual, un número dado de individualistas? ¿Será aumentar, mantener o reducir más y más el sufrimiento? Si lo que persiguen es este último fin, si es en la desaparición del sufrimiento donde se afirma su individualidad de asociados, en la esfera que nos ocupa, el amor perderá gradualmente su carácter pasional para llegar a ser una simple manifestación de compañerismo; el monopolio, la arbitrariedad, el reparo a darse desaparecerán cada día más, haciéndose cada vez más raros. Ésa es la camaradería amorosa.
¿Qué se entiende por camaradería amorosa? Una concepción de asociación voluntaria englobando las manifestaciones amorosas, los gestos pasionales o voluptuosos. Es una comprensión más completa del compañerismo que la sola camaradería intelectual o económica. Nosotros no decimos que la camaradería amorosa es una forma más elevada, más noble, más pura; decimos simplemente que es una forma más completa de compañerismo. Toda camaradería que comprende tres, dígase lo que se quiera, es más completa que la que sólo comprende dos.
Practicar la camaradería amorosa quiere decir para mí ser un camarada más íntimo, más completo, más próximo. Y por el mero hecho de estar ligado por la práctica de la camaradería amorosa con el que es tu compañero, tu compañera, tú serás para mí -su compañera o su compañero- una o un camarada más cercano, más alter ego, más querido. Entiendo, además, que esto significa servirme de la atracción sexual como de una palanca de compañerismo más amplia, más acentuada. Tampoco he dicho nunca que esta ética estuviese al alcance de todas las mentalidades.
Se nos dice que es necesario indicar a qué puerto ha de ir a parar el individuo que se lanza al océano de la diversidad de las formas de vida sentimental o sexual; el medio anarquista individualista al que yo pertenezco sustenta otro punto de vista. Pensamos nosotros que es a posteriori y no a priori, según la experiencia, la comparación, el examen personal, que el individualista debe decidirse por una forma de vida sexual antes que por otra. Nuestra iniciativa y criterio existen para que nos sirvamos de ellos sin dejarnos disminuir por la diversidad o pluralidad de las experiencias. La tentativa, el ensayo, la aventura no nos da miedo. Embarcarse lleva consigo riesgos que conviene calcular; hay que mirar bien de frente antes de tomar el barco. Una vez sobre el mar, ya veremos bien por dónde empuja el viento; lo esencial es que fijemos los ojos en la brújula a fin de quedar con la completa lucidez, aptos siempre a “faire le point”. Calcular dónde estamos. Consideramos la vida como una experiencia, y la experiencia por la experiencia queremos.
Considerada, al contrario, desde un punto de vista particular, dejando de ser una abstracción, tornándose una vía, un medio, la libertad se comprende.
En este sentido, se reclama la libertad de pensar, es decir, de poder, sin ningún obstáculo exterior, expresar de palabra o por escrito los pensamientos de la forma que se presenten ante el espíritu.
Vida intelectual, vida artística, vida económica, vida sexual: los individualistas reclaman para ellas la libertad de manifestarse plenamente, según los individuos, a tenor de la libertad de los individuos, fuera de las concepciones legalistas y de los prejuicios de orden religioso o civil. Reclaman para ellas, consideradas cual inmensos ríos, por donde se vierte la actividad humana, que puedan resbalar sin ningún obstáculo; sin que las esclusas del “moralismo” y del tradicionalismo atormenten o enloden su caudal. Mejor que éstos son las libertades con sus errores impetuosos, con sus nerviosos sobresaltos, con sus impulsivos malos efectos de retroceso. Entre la vida al aire libre y la vida de bodega, elegimos la vida al aire libre.
Los individualistas han rendido un merecido servicio a los que quieren conquistar la libre discusión de las cuestiones sexuales, extendiendo las nociones de libertad sexual y de amor libre, sin que por ello creyeran haber descubierto el amor libre: desde tiempos inmemoriales, el coito ha sido practicado extramoralmente y extralegalmente; hubo esposas que tuvieron amantes y maridos que tuvieron queridas.
Los individualistas no quieren codificar el amor en un sentido o en otro. Tratan la cuestión sexual como un capítulo de historia natural. Después de haber demostrado que el amor era tan analizable como cualquier otra facultad humana, reivindican para cada uno la absoluta facultad de adherirse a la tendencia amorosa que pueda responder mejor a su temperamento, favorecer su desarrollo y corresponder a sus aspiraciones.
Así, pues, los constituyentes de una pareja dada pueden permanecer unidos toda su vida a la costumbre monógama, como una puede practicar la unicidad y la otra la pluralidad. Puede suceder que, después de cierto tiempo, la unidad en amor aparezca preferible a la pluralidad, y viceversa. La existencia de experiencias amorosas simultáneas puede comprenderse tanto mejor cuanto que de experiencia a experiencia los grados de sensación morales, afectivas o voluptuosas, varían a veces hasta el punto en que puede deducirse que ninguna se parece a las que la precedieron o se siguen paralelamente. Son solamente cuestiones individuales, y nada más. Tal es el punto de vista individualista.
El amor libre comprende -y la libertad sexual implica- una serie de variedades adaptables a los diversos temperamentos amorosos o afectivos: constantes, volátiles, tiernos, apasionados, voluptuosos, etc. Y reviste una multitud de formas, variando desde la monogamia simple a la pluralidad simultánea: parejas pasajeras o duraderas; hogares de más de dos, poligínicos-poliándricos; uniones únicas o plurales, ignorando la cohabitación; afecciones centrales basadas sobre afinidades de orden más bien sentimental o intelectual, en torno de las cuales gravitan amistades, relaciones de un carácter más sensual, más voluptuoso, más caprichoso; no miran los grados de parentesco y admiten muy bien que un lazo sexual pueda unir también parientes muy cercanos; lo que importa es que cada cual encuentre en ello su parte; y, como la voluptuosidad y la ternura son aspectos de la alegría del vivir, que todos vivan con plenitud su vida sexual o sentimental, haciendo dichoso a otro en torno suyo. El individualista no desea otra cosa.
Hay gente que no acierta a comprender cómo un hombre llegado a edad madura pueda enamorarse de una joven. O, recíprocamente, que una joven pueda enamorarse de un hombre llegado al otoño de su vida. Es un prejuicio. Hay años en los que el otoño es tan bello que hace reflorecer los árboles. Así es también con ciertos seres humanos, que poseen un temperamento amoroso hasta la penúltima aurora de su existencia, la cual no cede a su primera juventud ni la espontaneidad ni la frescura. Un ser llegado a su otoño puede poseer dones naturales que engendren la seducción; por ejemplo, ser atrayente debido a un pasado aventurero y fuera de lo ordinario.
Los que han experimentado y sentido mucho en el dominio de la sensualidad sexual están, indudablemente, más calificados para iniciar a los jóvenes porque, generalmente, proceden con una delicadeza y una suavidad que ignora la fogosidad de la adolescencia.
Por otra parte, las necesidades sexuales son más imperiosas en ciertos períodos de la vida individual que en otros: existen estadios de la existencia personal durante los cuales la ternura y el arraigo son de un más alto valor que el de la pura satisfacción sensual. La observación de todos estos matices es la que constituye el amor libre aplicado, la práctica de la libertad sexual. Como todas las fases de la vida individualista, el amor libre, la libertad sexual, son una experiencia de la que cada uno extrae las conclusiones que mejor convienen a su propia emancipación.
No he llegado a las ideas que expongo sin haber reflexionado larga y profundamente. Ni la pareja ni la familia me parecen aptos, bien convencido estoy, para desarrollar la concepción anarquista de la vida. La familia es un Estado en pequeño hasta cuando los padres son anarquistas; con mucha más razón cuando no lo es más que uno de ellos, y cuando los chicos se ven sometidos a un contrato muy parecido al social, un con-trato impuesto. No niego que la cuestión es ardua y delicada en exceso; pero admitidas las mejores condiciones, la convivencia constante en un mismo medio familiar crea en la criatura una disposición de hábito, una adquisición de costumbres, la práctica de una cierta rutina ética cuyos residuos conserva por mucho tiempo y que salen al paso de su formación autónoma. Bien raro es el medio familiar en que al niño no se lo haga doblegarse a la mentalidad media, o hacer como que se doblega, que es aún peor.
Lo mismo ocurre con la pareja que ignora “los amores laterales”, cuyos constituyentes terminan por compenetrarse en la manera de ver las cosas, de sentir, hasta en las manías de uno y otro. Aquí su individualidad desaparece, su personalidad se anonada, se quedan sin iniciativa propia.
Yo no niego -nadie ha habido que lo niegue- que la monogamia no convenga a ciertos -pongamos muchos- temperamentos. Mas basándome en el estudio profundo que de estas cuestiones tengo hecho, me reservo proclamar que la monogamia o la monoandria empobrecen la personalidad sentimental, estrechan el horizonte analítico y el campo de adquisición de la unidad humana.
Oigo decir que la monogamia es superior a otra forma cualquiera de unión sexual. Diferente, sí; superior, no. La historia nos muestra que los pueblos no monógamos en nada ceden, en cuanto a literatura o ciencia se refiere, a los monógamos. Los griegos eran disolutos, incestuosos, homosexuales, enaltecían la cortesana. Veamos la obra artística y filosófica que realizaron. Comparemos la producción arquitectónica y científica de los árabes polígamos con la ignorancia y la tosquedad de los cristianos monógamos de la misma época.
Además, no es cierto como se presume que la monogamia o la monoandria sean naturales. Son artificiales, por el contrario. En donde quiera que sea, si el arquismo no interviene (el arquismo, es decir, la ley y la policía) ni impone su severidad, hay impulso a la promiscuidad sexual. Representémonos las bacanales, saturnales, florales de la Antigüedad -fiestas carnavalescas medioevales, kermesses flamencas, clubs eróticos del siglo de los enciclopedistas-, verbenas contemporáneas. Reacciones que pueden o no gustarme, pero reacciones al fin.
Los sentimientos se hallan sujetos a enfermedades, al igual que todas las facultades o funciones, lesionadas o desgastadas. La indigestión es una enfermedad de la función nutritiva, llevada al exceso. El cansancio es el “surmenage” producido por el ejercicio. La tisis pulmonar es la enfermedad del pulmón lesionado. El sacrificio es la ampliación de la abnegación. El odio es, a menudo, una enfermedad del amor. Los celos, otra.
El nacionalismo, el chauvinismo o la patriotería, la belicosidad, la explotación y la dominación se encuentran en germen en los celos, en el acopio, en el exclusivismo amoroso, en la fidelidad conyugal. La moralidad sexual aprovecha siempre a los partidos retrógrados, al conservadorismo social. Moralismo y autoritarismo están enlazados uno a otro como la hiedra al roble.
En una novela utópica de M. Georges Delbruck, En el país de la armonía, uno de los personajes, una mujer, define los celos en términos lapidarios: “Para el hombre, afirma ella, el don de la mujer implica la posesión de dicha mujer, el derecho de dominarla, de apalear su libertad, la monopolización de su amor, la interdicción de amar a otro; el amor sirve de pretexto al hombre para legitimar su necesidad de dominio; esta falta de concepción del amor está de tal forma anclada entre los civilizados que no dudan en pagar con su libertad la posibilidad de destruir la libertad de la mujer que pretenden amar”. Este cuadro es exacto, pero se aplica tanto a la mujer como al hombre. Los celos de la mujer son tan monopolizadores como los del hombre.
El amor tal y como lo entienden los celosos es, por consiguiente, una categoría del arquismo. Es una monopolización de los órganos sexuales, palpables, de la piel y del sentimiento de un humano en provecho de otro, exclusivamente. El estatismo es la monopolización de la vida y de la actividad de los habitantes de toda una comarca en provecho de los que la administran. El patriotismo es la monopolización en provecho de la existencia del Estado, de las fuerzas vivas humanas, de todo un conjunto territorial. El capitalismo es la monopolización a beneficio de un pequeño número de privilegiados, en cuya posesión se encuentran las máquinas y los géneros necesarios a la vida, de todas las energías y facultades productoras del resto de los hombres.
La monopolización estatista, religiosa, patriótica, capitalista, etc., está en germen en los celos, pues es evidente que éstos han precedido las dominaciones política, religiosa, capitalista.
A los celosos convencidos que afirman que los celos son una función del amor, los individualistas recordarán que, en su sentido más elevado, el amor puede también consistir en querer, por encima de todo, la dicha de quien se ama, en querer hallar alegría en la realización al máximo de la personalidad del objeto amado. Este razonamiento, este pensamiento, en quienes lo alimentan, termina casi siempre por curar los “celos sentimentales”.
En amor, como en todo lo demás, sólo es la abundancia lo que aniquila los celos y la envidia. De la misma forma que la satisfacción intelectual se deriva de la abundancia cultural puesta a la disposición del individuo; del mismo modo que aplacar el hambre se deduce de la abundancia de alimento puesto a la disposición del individuo..., la eliminación de los celos depende de la “abundancia” sensual y sentimental que pueda reinar en el medio en donde el individuo se desenvuelve.
¿Y de qué forma se aderezará esta abundancia para que nadie sea dejado a un lado, puesto aparte, “sufra”, por así decirlo? He aquí la cuestión que ha de resolverse. En su Teoría Universal de la Asociación, Fourier lo tenía resuelto constituyendo el matrimonio de tal forma “que cada uno de los hombres pueda tener todas las mujeres y cada una de las mujeres todos los hombres”.
Ése es el remedio para los celos, el exclusivismo sentimental o la apropiación sexual, remedio que yo resumiré en esta fórmula tomada a Platón: “Todos a todas, todas a todos”. ¿Podrá este remedio conciliarse con los principios del individualismo anarquista, convenir a individualistas?
Mi respuesta es que conviene ciertamente a los individualistas prestos, para tomar una expresión de Stirner, perder algo de su libertad para que se afirme su individualidad. ¿Qué persiguen asociándose, en el dominio sentimental sexual, un número dado de individualistas? ¿Será aumentar, mantener o reducir más y más el sufrimiento? Si lo que persiguen es este último fin, si es en la desaparición del sufrimiento donde se afirma su individualidad de asociados, en la esfera que nos ocupa, el amor perderá gradualmente su carácter pasional para llegar a ser una simple manifestación de compañerismo; el monopolio, la arbitrariedad, el reparo a darse desaparecerán cada día más, haciéndose cada vez más raros. Ésa es la camaradería amorosa.
¿Qué se entiende por camaradería amorosa? Una concepción de asociación voluntaria englobando las manifestaciones amorosas, los gestos pasionales o voluptuosos. Es una comprensión más completa del compañerismo que la sola camaradería intelectual o económica. Nosotros no decimos que la camaradería amorosa es una forma más elevada, más noble, más pura; decimos simplemente que es una forma más completa de compañerismo. Toda camaradería que comprende tres, dígase lo que se quiera, es más completa que la que sólo comprende dos.
Practicar la camaradería amorosa quiere decir para mí ser un camarada más íntimo, más completo, más próximo. Y por el mero hecho de estar ligado por la práctica de la camaradería amorosa con el que es tu compañero, tu compañera, tú serás para mí -su compañera o su compañero- una o un camarada más cercano, más alter ego, más querido. Entiendo, además, que esto significa servirme de la atracción sexual como de una palanca de compañerismo más amplia, más acentuada. Tampoco he dicho nunca que esta ética estuviese al alcance de todas las mentalidades.
Se nos dice que es necesario indicar a qué puerto ha de ir a parar el individuo que se lanza al océano de la diversidad de las formas de vida sentimental o sexual; el medio anarquista individualista al que yo pertenezco sustenta otro punto de vista. Pensamos nosotros que es a posteriori y no a priori, según la experiencia, la comparación, el examen personal, que el individualista debe decidirse por una forma de vida sexual antes que por otra. Nuestra iniciativa y criterio existen para que nos sirvamos de ellos sin dejarnos disminuir por la diversidad o pluralidad de las experiencias. La tentativa, el ensayo, la aventura no nos da miedo. Embarcarse lleva consigo riesgos que conviene calcular; hay que mirar bien de frente antes de tomar el barco. Una vez sobre el mar, ya veremos bien por dónde empuja el viento; lo esencial es que fijemos los ojos en la brújula a fin de quedar con la completa lucidez, aptos siempre a “faire le point”. Calcular dónde estamos. Consideramos la vida como una experiencia, y la experiencia por la experiencia queremos.
GLOSARIO NO MONOGÁMICO BÁSICO x Osvaldo Baigorria

Definiciones adaptadas de varios textos, entre los cuales se destaca la Enciclopedia Anarquista, Vol. 1, compilada por Sebastián Faure y editada por Tierra y Libertad, México, de donde fueron extractados los fragmentos de J. Marestan y E. Armand.
AMOR
“Apego sentimental a una persona o gusto pronunciado por una cosa. Tal es la definición de uso corriente que, sin pretenderla perfecta, parece ser la más apropiada para expresar diversos sentimientos que, con frecuencia, tanto por su origen como por su naturaleza, no tienen casi ninguna relación entre sí. Nuestra definición no será completa si no distinguimos entre el amor que tiene por objeto las cosas y el amor que tiene por base a seres animados, principalmente a los seres humanos. Y, en este último caso, distinguir entre el amor que se siente por uno mismo y el que sentimos por el prójimo; entre el amor idealista, familiar o apasionado, y el amor sexual, porque las características no son idénticas.
“El amor a sí mismo está representado por el instinto de conservación personal, con el deseo de adquirir la felicidad y de asegurar el bienestar. Lo que nombramos ‘amor propio’ es el amor a sí mismo concebido desde el punto de vista moral; es decir, el respeto a uno mismo. A medida que éste tiende a conservar lo que hay de mejor en nosotros, aumenta la inquietud de nuestra dignidad con respecto a la apreciación que puedan tener acerca de nuestra conducta aquellos a quienes le hemos concedido estima y afecto. El amor propio y el amor a sí mismo no son defectos, sino grandes y fuertes cualidades que vuelven activo y de trato agradable al individuo, tanto en lo que atañe a su interés particular como, indirectamente, en lo que afecta a virtudes de utilidad social.
“Ni el amor propio, ni el amor a sí mismo deben confundirse con el egoísmo que, desde el punto de vista de la utilidad social, no es una virtud, sino un vicio, si para la palabra egoísmo queremos conservar la significación consagrada por el uso y no exenta de razón. En efecto, la palabra egoísmo no significa -con arreglo a su etimología- amor a sí mismo, sino sobre todo rebuscamiento de satisfacciones personales sin consideración a las consecuencias que esa satisfacción pueda tener para el prójimo. Definido así, el egoísmo aparece como un notable factor de tiranía y como uno de los más grandes obstáculos para la armonía social.
“El amor (y, podríamos decir, el gusto particular o la inclinación) que tenemos por ciertas cosas, en oposición a la indiferencia, parece provenir exclusivamente de la aversión que experimentamos hacia otras cosas, las costumbres y aptitudes trasmitidas por herencia y por sugestión de nuestra educación primera, modificadas por la propia experiencia y la influencia del medio. Este amor hacia las cosas, que parecen una prolongación de nuestro propio yo, o -fisiológica o intelectualmente- como un alimento en relación con nuestras necesidades, es caracterizado por el deseo de posesión, que no llega a ser un mal mientras no tome proporciones extremas, como el deseo irrefrenable de apropiación o de acaparamiento.
“Si examinamos y estudiamos el amor que experimentamos por los seres vivientes semejantes o cercanos a nosotros, a los cuales nos ligan simpatías, encontramos algo más que el deseo del goce por la posesión, sobre todo cuando no están en juego ni la pasión erótica ni el ardor sexual. ¿Es que no vemos con frecuencia a gentes bien modestas privarse de satisfacer necesidades perentorias para socorrer, sin ninguna certeza de reciprocidad, a gentes que viven en poblaciones lejanas a las cuales seguramente ni siquiera visitarán nunca? Es porque las costumbres milenarias de la ayuda mutua, más fuerte que las rivalidades de todo género, han establecido una solidaridad que a veces se manifiesta por actos espontáneos libres de cálculos, incluso entre seres que pertenecen a razas o especies diferentes. Y es porque las personas que amamos son como una especie de prolongamiento de nosotros mismos, y un poco incluso nosotros mismos. De ahí que participemos indirectamente, a veces de manera muy viva, en sus sufrimientos y alegrías. Y esto nos induce a considerar el amor en su forma más idealista: la que aspira a la felicidad propia por la conciencia de la felicidad ajena, aunque ésta se pague con el sacrificio de nuestro propio placer o de nuestra seguridad. El instinto maternal, la amistad, el misticismo social ofrecen frecuentes ejemplos de lo que acabamos de decir.
“No podemos decir lo mismo del amor cuando es engendrado por la atracción sexual. Esta forma del amor predispone, en efecto, a un verdadero frenesí de apropiación, a una marcadísima sed de éxtasis egoísta, a pesar de las apariencias. Cuando la violencia exquisita y brutal de esos apetitos se modera, principalmente en el hombre, es sólo porque intervienen sentimientos más durables y más dulces: el cariño compartido, la estima mutua, la comunidad de costumbres y aspiraciones. Así, según los temperamentos, las circunstancias y el grado de educación, el amor sexual es susceptible de tomar las más variadas formas.
“En cualquiera de sus manifestaciones, ennoblecido por la inteligencia y el saber, o simple y llanamente en su expresión sexual, el amor debe ser libre. Se basta a sí mismo desde el instante en que sin dañar a nadie embellece nuestra existencia y contribuye a nuestra felicidad. El amor no tiene necesidad de la excusa de la procreación, que es solamente su consecuencia normal, ni de una sanción legal o religiosa, que no son más que reglamentos interesados o simples formalidades convencionales. El amor contiene su propia poesía y su plena justificación. El humo del incienso y la lectura monótona del código civil son incapaces de hacer nacer el amor en donde no existe, de conferirle moralidad donde no es más que asqueroso regateo. El despotismo del legislador es impotente para restablecer la unión de almas y el apetito de los sentidos en el seno del hogar donde no exista más que animosidad y odio.
“Admitir el principio de la libertad del amor es reivindicar intensamente para los demás, como para nosotros mismos, el derecho de amar a quien nos plazca, de la manera que nos plazca, sin otra obligación que la de tomar bajo nuestra responsabilidad el daño que nuestra conducta haya aportado a la existencia del prójimo”.
(Jean Marestan)
BIGAMIA
Figura jurídica que describe el estado civil de una persona casada por segunda vez mientras vive el primer cónyuge. Puede llegar a usarse en lenguaje coloquial para designar la condición de quien ha constituido dos parejas o familias, con o sin casamiento formal. En muchos casos, cuando se habla de poligamia o se rotula a alguien como “polígamo” en realidad se está observando que tiene una relación sexual/afectiva con dos personas.
LIBERTAD
“La libertad en el amor implica que quienes la practiquen posean una educación sexual amplia y práctica. Por libertad de amar, por amor libre, por amor en libertad y por libertad sexual, entiendo la entera posibilidad que tiene un ser de amar a otro o a varios simultáneamente (sincrónicamente), según lo empuje o lo incite su determinismo particular, sin atención ninguna a las leyes dictadas por los gobiernos en materia de inclinaciones, a las costumbres recibidas o aceptadas como código moral por las sociedades humanas actuales. Para mí, la libertad del amor se concibe por encima del bien y del mal convencionales”.
(Emile Armand)
MATRIMONIO COLECTIVO
Un matrimonio que involucra a más de dos. Aunque no está reconocido por la mayoría de los sistemas legales y religiosos de Occidente, aquellos que propugnan este modelo suelen realizar acuerdos que hacen funcionar la relación colectiva en forma semejante a los contratos legales del matrimonio bipersonal. El grupo vive en común, comparte una economía familiar, el cuidado de los niños y las responsabilidades domésticas. La forma más habitual es la tríada entre dos mujeres y un hombre o entre dos hombres y una mujer, aunque pueden existir grupos más numerosos. Se diferencia de la poligamia tradicional por cierto énfasis en la paridad de varones y mujeres, por la ausencia de un referente central despótico (por ejemplo, el patriarca) y por el derecho de cada uno a retirarse de la unión libremente cuando así lo desee.
MONOGAMIA
En el mejor de los casos, una relación bipersonal basada en un acuerdo explícito de sus miembros de no involucrarse sexual/ afectivamente con otros. En el peor, una institución cerrada formalmente a relaciones externas pero en la cual uno de sus miembros (históricamente el varón) quiebra ocasionalmente las reglas que impone en forma rígida (e hipócrita) al otro miembro. Puede desarrollarse mediante una aceptación tácita de cierta “doble moral” (se condena verbalmente la infidelidad al tiempo que se realizan prácticas adúlteras reiteradas) o finalizar cuando la ruptura de las reglas llega a un grado inaceptable (se descubre la “traición”); en este último caso, uno o los dos miembros de la relación podrán formar luego nuevas uniones monogámicas con otros. La mayoría de los sujetos en la sociedad contemporánea vive en un estado de monogamia secuencial, que implica varias uniones y rupturas de corazón a lo largo de una sola vida.
ORGÍA
Fusión ilimitada de cuerpos que se pierden unos en otros, en un espacio y tiempo excepcionales, donde se trasgreden las prohibiciones y normas habituales del orden social y familiar. Puede incluir la alteración de las reglas del coito habitual entre órganos genitales para abrirse al contacto e intercambio polimorfo de fluidos entre cuerpos. Ésta sería la acepción más estricta, pero también se la ha asociado con ceremonias o ritos arcaicos para asegurar la fecundidad de los campos en sociedades agrarias. Esta última interpretación fue cuestionada por Georges Bataille, para quien la orgía organiza un desorden de tipo sagrado, que no toma en cuenta las consecuencias sobre el mundo del trabajo. El término en sí tuvo diversas atribuciones de sentido según las épocas, llegando incluso a representar un tipo de fiesta con altos grados de ebriedad y descontrol, sin carácter sexual explícito. En las últimas décadas del siglo XX, términos como “cama redonda”, party o simplemente “fiesta” fueron utilizados como sinónimos por distintos grupos, al mismo tiempo que el carácter orgiástico pudo resultar empobrecido o extremadamente limitado por pautas para regular el deseo en los encuentros colectivos (por ejemplo, prohibir o evitar caricias y otros contactos entre machos, como ocurre en la escena clásica de la pornografía heterosexual).
PAREJA ABIERTA
Noción de cierta circulación mediática durante las décadas de 1960/70. Puede considerarse que una pareja es “abierta” si existe acuerdo entre sus miembros de que es aceptable involucrarse sexual y/o afectivamente con alguien aparte de esa relación. Suelen negociarse normas específicas según las necesidades de cada pareja, o al menos de uno de sus miembros. Por ejemplo, alguien puede requerir notificación previa de cualquier relación exterior que establezca su compañero/a. O puede pedir “no me digas nada”; es decir, aceptar las relaciones exteriores pero rehusar todo intercambio de información en torno de ellas (“ojos que no ven, corazón que no siente”). O puede negociarse que alguien se involucre sexual y/o afectivamente con otro/a fuera de la pareja sólo cuando estén todos presentes (“lo hacemos todos juntos o nada”), como los swingers. Algunos tendrán reglas estableciendo poder de veto sobre nuevos amantes (jerarquizando al o a los amantes más antiguos); otros acordarán cuánto tiempo puede pasar cada uno con sus amantes (noches enteras o parciales, fines de semana, etc.). Estas y otras restricciones sobre la relación, aunque necesarias para el mantenimiento del orden afectivo, reducen el alcance del carácter libertario que puede sugerir el epíteto “abierto”.
POLIANDRIA
La posibilidad de tener varios maridos. Proviene de la botánica, como condición de la flor que tiene muchos estambres.
POLIFIDELIDAD
Pauta normativa para una relación cerrada que involucra a más de dos personas. Por ejemplo, un grupo de cuatro limita la relación sexual/afectiva para que ocurra sólo entre ellos (son “fieles” al grupo). Como concepto, se hizo célebre durante 1970/ 1980 gracias a la comuna Kerista, de San Francisco, que consistió en varias viviendas grupales que seguían este modelo. Se la asocia con el neologismo inglés poliamory, que refiere a la posibilidad de tener muchos amores y que puede ser definido como la filosofía y la práctica de amar a más de una persona a la vez.
POLIGINIA
La posibilidad de tener varias esposas, según la acepción botánica que define así a la flor con muchos pistilos (hembras).
POLIGAMIA
La posibilidad o el derecho de casarse, unirse, convivir o asociarse sexual/afectivamente con un número indefinido de personas. Históricamente ha sido asociada con el derecho masculino excluyente de poseer varias mujeres (ver poliginia) y con la dominación patriarcal. Sin embargo, se ha extendido su acepción al régimen de relaciones en el que una mujer está vinculada con dos o más varones (poliandria) o con dos o más mujeres, así como a la situación en la que el varón está vinculado con dos o más varones: la práctica no se encuentra hoy del todo limitada por definiciones de género.
PROMISCUO/A
Se dice del sujeto que mantiene relaciones sexuales con varios. Con frecuencia de carácter denigratorio, el epíteto está asociado con una mezcla confusa e indiferente. La promiscuidad en el sentido de múltiple convivencia con personas de distinto sexo se origina probablemente en la trasgresión a la antigua regla católica de mezclar carne y pescado en una misma comida durante los días de cuaresma y otros períodos: promiscuar sería mezclarse y participar en cosas heterogéneas u opuestas.
PRIMARIA O PRINCIPAL, RELACIÓN
Una relación primaria o principal es aquella considerada la más importante para uno/a y por lo general supone cierto grado alto de compromiso. Se la ha llamado también relación central (Cooper) en oposición a las relaciones periféricas, laterales o secundarias cuyo grado de compromiso es menor que el que existe con la relación principal. Nótese que alguien puede mantener relaciones centrales con más de una persona a la vez, así como cada una de éstas podría tener varias relaciones periféricas al mismo tiempo. Todos podemos ser centro y periferia.
SWINGERS
Minoría que disfruta de relaciones sexuales ocasionales entre amigos, conocidos y desconocidos. El rótulo tiene su origen en la clase media norteamericana de los años 1940, acaso extraído de un juego de intercambio de cónyuges entre marines en bases del Pacífico Sur. Su origen social y cultural condicionó el desarrollo de esta práctica de carácter orgiástico limitado. Suele ser iniciada por parejas heterosexuales que promueven encuentros eróticos colectivos en bares, discotecas y casas particulares, o bien se conocen mediante avisos personales o en eventos programados por redes sociales. Algunas sólo tienen relaciones con otras parejas, otras forman tríos, aun otras invitan a un cuarto hombre para la mujer, o a una cuarta mujer para el varón, etc. Por lo general, desalientan el contacto sexual entre varones y toleran o estimulan una bisexualidad controlada entre mujeres. También hay parejas gays que disfrutan asistiendo a bares, discotecas, baños o cines para tener relaciones con desconocidos, pero la etiqueta de swinger quedó sobre todo asociada con una práctica de base heterosexual. Dado que el encuentro erótico tiene un carácter recreativo e intermitente, el discurso anarquista del amor libre, con todas sus connotaciones de compromiso, afectividad y contención en el tiempo, puede encontrarse como retórica con escasa o limitada influencia dentro de estos grupos.
El Amor Libre: Eros y Anarquía x Osvaldo Baigorría (comp).
Compilación en Formato PDF. Textos Emile Armand, Malatesta, Crimeth. Inc, el dandi uruguayo
Roberto de las Carreras, Maria Lacerda Da Moura, America Scarfo, Bakunin
y otrxs mas !
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miércoles, 25 de diciembre de 2013
Documental: Iboga: Los hombre de la madera
La iboga es una planta curativa ceremonial ulitizada en Gabón, Africa. En ciertos aspectos es relacionada a las funciones y efectos que tendrían plantas americanas como la ayahuasca, los hongos mágicos o el peyote y por eso suele ser vista como una sustancia psicodélica. Aquí un buen documental sobre su uso y sus contextos culturales.
martes, 8 de octubre de 2013
Religión anarquista x Peter Lamborn Wilson
A menudo se dice que nosotros los anarquistas
"creemos que los humanos son buenos por naturaleza" (como la planta
china Mencius). Algunos de nosotros, sin embargo, dudamos de la nocion
de la bondad inherente y rechazamos el poder de otra gente sobre
nosotros precisamente porque no confiamos en los bastardos.
Parece insensato generalizar sobre las "creencias" anarquistas ya que algunos de nosotros somos ateos o agnósticos, mientras que otros incluso pueden ser católicos. Por supuesto, a unos cuantos anarquistas les encanta dejarse llevar por el falso, desagradable y sin sentido ejercicio de excomulgar la variedad de fés entre sus camaradas.
Esta tendencia de grupúsculos antiautoritarios de denunciarse y excluirse unos a los otros, sin embargo, siempre me ha parecido más como una especie de cripto-autoritarismo. Siempre me ha gustado la idea de un anarquismo plomado lo suficientemente grande para cubrir casi todas las variantes del dogma en una especie de acéfalo pero no rígido "frente unido" (o "unión de egoístas" como señala Stirner). Este paragüas tiene que ser lo suficientemente amplio para cubrir a los "anarquistas espirituales" tanto como a los más inflexibles materialistas.
Nietzsche, famoso por basar su causa en la "nada" – Pero acabó dando a entender una especie de religión sin moral ni dios ("Zaratrusta", "Empoderamiento", "eterno returno", etc) En su última "Cartas Locas" desde Turin, él parece autoproclamarse (anti-) mesías de esta fé bajo la firma de "Dionisos el Crucificado".
Resulta que incluso el axioma "nada" requiere de un elemento de fé, y podría llevarnos hacia una especie de experiencia espiritual o mística: el autodenominado hereje está simplemente proponiendo una creencia diferente. "La Muerte de Dios" es misteriosamente seguida por el renacimiento de "los dioses" – Las deidades paganas del politeísmo. Así pues, Nietzsche propone la repaganización del monoteísmo cuando habla como Cristo-Dionisio – un proyecto lanzado primero en el Renacimiento por herejes y neopaganos como Gemisto Plethon y Giordano Bruno—Este último que fue quemado en el Vaticano en 1600.
Esta misma tarea – la repaganización del monoteísmo – fue llevada a cabo brillantemente por los esclavos africanos que crearon la Santería, el Vudú, el Candomblé, y muchas otras religiones en las que los Santos Cristianos son identificados o sincretizados con deidades paganas. Chango "es" Santa Bárbara, por ejemplo; Oggun, el dios de la guerra es el Arcángel Miguel, y podría ser considerado como Marte, el rey romano de la guerra también. (Vease M.A. DeLaTorre, Santería)
Los santos son "máscaras" de los espírituos de los oprimidos – pero no son meros disfraces. Muchos santeristas son a la vez católicos y paganos al mismo tiempo – ¡lo que naturalmente enloquece a la Iglesia!
Como mi amigo antropólogo Jim Wafer dijo en The Taste of Blood, estas fés del Nuevo Mundo no son exactamente "opio para el pueblo" (incluso en la curiosamente positiva y y ligeramente anhelante manera en la que Marx usó esta frase), sino que son areas de resitencia contra el poder maligno. En estas religiones Dionisio puede, de hecho, ser Jesús – u Obbatala Ayagguna – en un delirio deliberado de panteísmo donde nada depende de meras creencias porque la posesión real por trance por los "santos" (Orishas, Loas) permite que todo el mundo presente vean, toquen e incluso "sean" dioses ellos mismos.
(Wafer fue una vez invitado a beber en un bar en Recife por un extraño que resultó "ser" una deidad menor amante del ron.) Además – otro concepto nietzscheano – estos cultos valoran la magia por encima de la moralidad – y creen en dioses que pueden ser ladrones, brujas, queers, jugadores,etc.
Oscar Wilde fue el primero en darse cuenta del profundo parecido entre el anarquismo y el taoismo que estructuralmente es una diversidad acéfala de sectas (paganas) politeístas, con una tendencia hacia la heterodoxia y valores sociales no autoritarios.
Obviamente muchas formas de taoísmo – o cualquier sistema pagano – han sido en realidad cómplices del Estado; podríamos llamarlos Ortodoxos, y en este sentido predecesores del monoteísmo. Pero el espíritu pagano siempre incluye un elemento anárquico también – una resistencia paleolítica hacia el Estado/Iglesia y sus jerarquías. El paganismo simplemente crea nuevos cultos, o retoma algunos antiguos, cultos que son y deben ser heréticos con el consenso que rige. (Así pues, el paganismo de la antigua Europa "sobrevivió" como brujería medieval, y así sucesivamente.)
En la Roma clásica, los cultos mistéricos helenísticos orientales, sincretismos mágicos de los griegos, egipcios, babilonios e incluso los rituales y el panteón indio, amenazaron el orden imperial y tradicional. Uno de estos cultos, la herejía judía, triunfó en realidad en derrocar el paganismo clásico.
Sospecho que una dialéctica similar puede funcionar en los EEUU del siglo 21 con su complejo de Imperio, su 60% de ciudadanía que va a la iglesia, su electrónico "pan y circo" , su consciencia basada en el dinero, etc.
Una masa de cultos mistéricos orientales y New Age continúan proliferando y transformandose en nuevas formas, dando lugar a una especie de heterodoxia popular o una diversidad de sectas paganas, algunas de ellas inherentemente peligrosas para la autoridad central y la tecnopathocracia capitalista. De hecho, varias secciones del anarquismo espiritual podrían ser mencionadas aquí como parte del espectro.
Estoy proponiendo que los cultos fascistas y fundamentalistas no deben ser confundidos con las tendencias espirituales antiautoritarias representandas por el auténtico neochamanismo, espiritualidad psicodélica o enteogénica, la religión Americana de la Naturaleza de acuerdo con anarquistas como Thoreau, compartiendo muchos intereses y mitos con el Anarquismo verde, el primitivismo, tribalismo, la resistencia ecológica, actitudes nativo americanas hacia la naturaleza... incluso con el festivalismo Rainbow and Burning Man.
Aquí en Catskills, hemos tenido todo desde Krishnamurti al Dalai Lama, Hasidismo al comunismo, budismo, agricultura postindustrial y slow food, comunas hippies de los 60 – Tim Leary-swami sobre pandit, wicca sobre druidismo – sufíes y yoguis – un paisaje maduro para el sincretismo y universalismo espiritual, preparado para convertirse en una mezcla de enthusiasmos para la revolución verde, si solo una chispa encendiera una antorcha --- o lo que uno pudiera soñar.
En el contexto de la creencia estoy visualizando que situaría la noción de Walter Benjamin de la Iluminación Profana. ¿Cómo, él pregunta, puede la experiencia espiritual ser garantizada guera del contexto de la "religión" o incluso de la "creencia"?
Parte marxista, parte anarquista, parte kabalista, el siguió la misión del antiguo romanticismo alemán de repaganizar el monoteísmo "sea como sea," incluyendo herejía, magia, poesía, hachís... La religión ha robado y suprimido el "sacramenteo eficaz" de los antiguos chamanes, magos y mujeres sabias – y la revolución debe restaurarlo.
Recientemente, la idea de un romanticismo histórico e incluso ocultismo de izquierdas ha ganado aceptación y no necesita más ser defendida. La estatua de Bruno en el "Flowery Field" donde él murió recuerda un icono para los librepensadores y rebeldes de Roma, quienes lo mantienen cubierto de flores rojas. El alquimista Parecelso se sitúo con los campesinos en el levantamiento en contra de la nobleza luterana
Una lectura emersoniana del romanticismo alemán (especialmente Novalis) podría interprestar sus "primeros pensamientos; mejores pensamientos" como una semilla y fruta de la revolución. William Blake es una institución herética por él mismo. El ala izquierdista del romanticismo francés (y ocultismo) dan nacimiento a Charles Fourier, a Nerval y a Rimbaud. Esta profunda tradición de la "revolución romántica" debería ser añadidad a la consideración de cualquier posible espiritualidad anarquista.
Los místicos claman que la "creencia" es un engaño; solo la experiencia garantiza certeza, mientras que la mera fé no se requiere más. Ellos podrían incluso llegar a defender la (auto)liberación mística o espiritual ante la opresión de la religión organizada. Blake instó a todo el mundo a conseguir su propio sistema y no ser un esclavo de alguien más – especialmente de la Iglesia. Y, G. De Nerval, quién tenía una langosta como mascota llamada Thibault que se llevaba de paseo por los jardines del Palacio Real de París con una correa de tela azúl, siendo acusado de no perfenecer a ninguna religión, él dijo, "¿Cómo? ¿yo, no tengo religión?, ¿Por qué? ¡Yo tuve al menos diecisierte de ellas!
En conclusión: cualquier sistema liberatorio de creencias, incluso los más libertarios (o libertinos), pueden ser girados 180 grados hacia un dogma rígido – incluso el anarquismo (tal y como se había presenciado en el caso del último Murray Bookchin). Al contrario, incluso dentro de las religiones más religiosas el deseo natural humano de libertad puede esculpir espacios secretos de resistencia (como se vio en Los Hermanos del Libre Espíritu, o ciertas sectas derviches)
Las definiciones parecen menos importantes en este proceso que en el cultivo de lo que Keats llamó "capacidad negativa", que aquí podría ser glosada como la habilidad de surfear la ola de la liberación no importa el aspecto externo que pueda tener.
En los años 50, podría haber sido "Beat Zen" (que desgraciadamente parece haber desaparecido); hoy podría ser el neo-paganismo o el hermeticismo verde. Justo como el anarquismo hoy día necesita superar y repeler su histórica adoración del "progreso", así que, también, pienso que podría beneficiar el relajarse del ateísmo del siglo 19 y reconsiderar la posibilidad (oximorónica como podría ser) de una "religión anarquista)
[Nota: In memoriam Franklin Rosemont, yo debería añadir que el tipo de anarquismo hermético propuesto aquí caracteriza el último Breton, y el último surrealismo en general. También me gustaria invocar el gran libro del poeta árabe Adonis Sufism & Surrealism. Y, recomiendo la edición de Harvard de W. Benjamin On Hashish. Algunas veces está bien quitarse de encima esa antigua locura deliberada de los sentidos... Algunas veces el opio del pueblo es... opio.]
— Peter Lamborn Wilson
Día de San Nicolás 2009
Parece insensato generalizar sobre las "creencias" anarquistas ya que algunos de nosotros somos ateos o agnósticos, mientras que otros incluso pueden ser católicos. Por supuesto, a unos cuantos anarquistas les encanta dejarse llevar por el falso, desagradable y sin sentido ejercicio de excomulgar la variedad de fés entre sus camaradas.
Esta tendencia de grupúsculos antiautoritarios de denunciarse y excluirse unos a los otros, sin embargo, siempre me ha parecido más como una especie de cripto-autoritarismo. Siempre me ha gustado la idea de un anarquismo plomado lo suficientemente grande para cubrir casi todas las variantes del dogma en una especie de acéfalo pero no rígido "frente unido" (o "unión de egoístas" como señala Stirner). Este paragüas tiene que ser lo suficientemente amplio para cubrir a los "anarquistas espirituales" tanto como a los más inflexibles materialistas.
Nietzsche, famoso por basar su causa en la "nada" – Pero acabó dando a entender una especie de religión sin moral ni dios ("Zaratrusta", "Empoderamiento", "eterno returno", etc) En su última "Cartas Locas" desde Turin, él parece autoproclamarse (anti-) mesías de esta fé bajo la firma de "Dionisos el Crucificado".
Resulta que incluso el axioma "nada" requiere de un elemento de fé, y podría llevarnos hacia una especie de experiencia espiritual o mística: el autodenominado hereje está simplemente proponiendo una creencia diferente. "La Muerte de Dios" es misteriosamente seguida por el renacimiento de "los dioses" – Las deidades paganas del politeísmo. Así pues, Nietzsche propone la repaganización del monoteísmo cuando habla como Cristo-Dionisio – un proyecto lanzado primero en el Renacimiento por herejes y neopaganos como Gemisto Plethon y Giordano Bruno—Este último que fue quemado en el Vaticano en 1600.
Esta misma tarea – la repaganización del monoteísmo – fue llevada a cabo brillantemente por los esclavos africanos que crearon la Santería, el Vudú, el Candomblé, y muchas otras religiones en las que los Santos Cristianos son identificados o sincretizados con deidades paganas. Chango "es" Santa Bárbara, por ejemplo; Oggun, el dios de la guerra es el Arcángel Miguel, y podría ser considerado como Marte, el rey romano de la guerra también. (Vease M.A. DeLaTorre, Santería)
Los santos son "máscaras" de los espírituos de los oprimidos – pero no son meros disfraces. Muchos santeristas son a la vez católicos y paganos al mismo tiempo – ¡lo que naturalmente enloquece a la Iglesia!
Como mi amigo antropólogo Jim Wafer dijo en The Taste of Blood, estas fés del Nuevo Mundo no son exactamente "opio para el pueblo" (incluso en la curiosamente positiva y y ligeramente anhelante manera en la que Marx usó esta frase), sino que son areas de resitencia contra el poder maligno. En estas religiones Dionisio puede, de hecho, ser Jesús – u Obbatala Ayagguna – en un delirio deliberado de panteísmo donde nada depende de meras creencias porque la posesión real por trance por los "santos" (Orishas, Loas) permite que todo el mundo presente vean, toquen e incluso "sean" dioses ellos mismos.
(Wafer fue una vez invitado a beber en un bar en Recife por un extraño que resultó "ser" una deidad menor amante del ron.) Además – otro concepto nietzscheano – estos cultos valoran la magia por encima de la moralidad – y creen en dioses que pueden ser ladrones, brujas, queers, jugadores,etc.
Oscar Wilde fue el primero en darse cuenta del profundo parecido entre el anarquismo y el taoismo que estructuralmente es una diversidad acéfala de sectas (paganas) politeístas, con una tendencia hacia la heterodoxia y valores sociales no autoritarios.
Obviamente muchas formas de taoísmo – o cualquier sistema pagano – han sido en realidad cómplices del Estado; podríamos llamarlos Ortodoxos, y en este sentido predecesores del monoteísmo. Pero el espíritu pagano siempre incluye un elemento anárquico también – una resistencia paleolítica hacia el Estado/Iglesia y sus jerarquías. El paganismo simplemente crea nuevos cultos, o retoma algunos antiguos, cultos que son y deben ser heréticos con el consenso que rige. (Así pues, el paganismo de la antigua Europa "sobrevivió" como brujería medieval, y así sucesivamente.)
En la Roma clásica, los cultos mistéricos helenísticos orientales, sincretismos mágicos de los griegos, egipcios, babilonios e incluso los rituales y el panteón indio, amenazaron el orden imperial y tradicional. Uno de estos cultos, la herejía judía, triunfó en realidad en derrocar el paganismo clásico.
Sospecho que una dialéctica similar puede funcionar en los EEUU del siglo 21 con su complejo de Imperio, su 60% de ciudadanía que va a la iglesia, su electrónico "pan y circo" , su consciencia basada en el dinero, etc.
Una masa de cultos mistéricos orientales y New Age continúan proliferando y transformandose en nuevas formas, dando lugar a una especie de heterodoxia popular o una diversidad de sectas paganas, algunas de ellas inherentemente peligrosas para la autoridad central y la tecnopathocracia capitalista. De hecho, varias secciones del anarquismo espiritual podrían ser mencionadas aquí como parte del espectro.
Estoy proponiendo que los cultos fascistas y fundamentalistas no deben ser confundidos con las tendencias espirituales antiautoritarias representandas por el auténtico neochamanismo, espiritualidad psicodélica o enteogénica, la religión Americana de la Naturaleza de acuerdo con anarquistas como Thoreau, compartiendo muchos intereses y mitos con el Anarquismo verde, el primitivismo, tribalismo, la resistencia ecológica, actitudes nativo americanas hacia la naturaleza... incluso con el festivalismo Rainbow and Burning Man.
Aquí en Catskills, hemos tenido todo desde Krishnamurti al Dalai Lama, Hasidismo al comunismo, budismo, agricultura postindustrial y slow food, comunas hippies de los 60 – Tim Leary-swami sobre pandit, wicca sobre druidismo – sufíes y yoguis – un paisaje maduro para el sincretismo y universalismo espiritual, preparado para convertirse en una mezcla de enthusiasmos para la revolución verde, si solo una chispa encendiera una antorcha --- o lo que uno pudiera soñar.
En el contexto de la creencia estoy visualizando que situaría la noción de Walter Benjamin de la Iluminación Profana. ¿Cómo, él pregunta, puede la experiencia espiritual ser garantizada guera del contexto de la "religión" o incluso de la "creencia"?
Parte marxista, parte anarquista, parte kabalista, el siguió la misión del antiguo romanticismo alemán de repaganizar el monoteísmo "sea como sea," incluyendo herejía, magia, poesía, hachís... La religión ha robado y suprimido el "sacramenteo eficaz" de los antiguos chamanes, magos y mujeres sabias – y la revolución debe restaurarlo.
Recientemente, la idea de un romanticismo histórico e incluso ocultismo de izquierdas ha ganado aceptación y no necesita más ser defendida. La estatua de Bruno en el "Flowery Field" donde él murió recuerda un icono para los librepensadores y rebeldes de Roma, quienes lo mantienen cubierto de flores rojas. El alquimista Parecelso se sitúo con los campesinos en el levantamiento en contra de la nobleza luterana
Una lectura emersoniana del romanticismo alemán (especialmente Novalis) podría interprestar sus "primeros pensamientos; mejores pensamientos" como una semilla y fruta de la revolución. William Blake es una institución herética por él mismo. El ala izquierdista del romanticismo francés (y ocultismo) dan nacimiento a Charles Fourier, a Nerval y a Rimbaud. Esta profunda tradición de la "revolución romántica" debería ser añadidad a la consideración de cualquier posible espiritualidad anarquista.
Los místicos claman que la "creencia" es un engaño; solo la experiencia garantiza certeza, mientras que la mera fé no se requiere más. Ellos podrían incluso llegar a defender la (auto)liberación mística o espiritual ante la opresión de la religión organizada. Blake instó a todo el mundo a conseguir su propio sistema y no ser un esclavo de alguien más – especialmente de la Iglesia. Y, G. De Nerval, quién tenía una langosta como mascota llamada Thibault que se llevaba de paseo por los jardines del Palacio Real de París con una correa de tela azúl, siendo acusado de no perfenecer a ninguna religión, él dijo, "¿Cómo? ¿yo, no tengo religión?, ¿Por qué? ¡Yo tuve al menos diecisierte de ellas!
En conclusión: cualquier sistema liberatorio de creencias, incluso los más libertarios (o libertinos), pueden ser girados 180 grados hacia un dogma rígido – incluso el anarquismo (tal y como se había presenciado en el caso del último Murray Bookchin). Al contrario, incluso dentro de las religiones más religiosas el deseo natural humano de libertad puede esculpir espacios secretos de resistencia (como se vio en Los Hermanos del Libre Espíritu, o ciertas sectas derviches)
Las definiciones parecen menos importantes en este proceso que en el cultivo de lo que Keats llamó "capacidad negativa", que aquí podría ser glosada como la habilidad de surfear la ola de la liberación no importa el aspecto externo que pueda tener.
En los años 50, podría haber sido "Beat Zen" (que desgraciadamente parece haber desaparecido); hoy podría ser el neo-paganismo o el hermeticismo verde. Justo como el anarquismo hoy día necesita superar y repeler su histórica adoración del "progreso", así que, también, pienso que podría beneficiar el relajarse del ateísmo del siglo 19 y reconsiderar la posibilidad (oximorónica como podría ser) de una "religión anarquista)
[Nota: In memoriam Franklin Rosemont, yo debería añadir que el tipo de anarquismo hermético propuesto aquí caracteriza el último Breton, y el último surrealismo en general. También me gustaria invocar el gran libro del poeta árabe Adonis Sufism & Surrealism. Y, recomiendo la edición de Harvard de W. Benjamin On Hashish. Algunas veces está bien quitarse de encima esa antigua locura deliberada de los sentidos... Algunas veces el opio del pueblo es... opio.]
— Peter Lamborn Wilson
Día de San Nicolás 2009
martes, 28 de mayo de 2013
Documental Simplicidad voluntaria y Decrecimiento
Simplicidad Voluntaria y Decrecimiento (documental) from Décroissance on Vimeo.
Documental francés (1h) de Jean-Claude DECOURT sobre la Simplicidad Voluntaria y el Decrecimiento.
Con las intervenciones de... Jean-Claude Besson-Girard, Sabine
Rabourdin, Suzan George, José Bové, Alain Dufranc, Paul Ariès, Raoul
Jennar, François Schneider, Jérome Medeville, Michel Jarru, Martin
Leers, Vincent Cheynet, Didier Laurencin, Serge Latouche, la Cie du 4 de
Toulouse...
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