sábado, 20 de octubre de 2012

Yo sueño a colores x Wolfi Landstreicher

Blanco y negro-estos dos colores han definido mucho del paisaje social estadounidense, proyectando su sombra sobre los conflictos sociales. Si hoy en los documentos oficiales y en los estudios académicos la “diversidad” y el “multiculturalismo” son reconocidos, en el fondo, la dicotomía entre gente “blanca” y aquellos que no son blancos se mantiene como la definición predominante de la “diferencia”, debido a que es una muy útil herramienta en las manos de aquellos que nos gobiernan.

Es muy fácil condenar a los supremacistas blancos-flagrantes racistas y fanáticos proveedores de una visión del mundo pequeña de mente y estrecha que empobrece todo lo que toca. Para estas personas desagradables e ignorantes, la situación es simple: los que no son blancos son peligrosos y deben ser tratados como tales. Así salen después los garrotes y barras de hierro y la caza comienza. O, más frecuentemente, salen las leyes y la policía y las cárceles se llenan.

Pero sobre los anti-racistas, las buenas personas blancas que no tienen nada en contra de sus hermanos negros, morenos, amarillos o rojos, que incluso están dispuestos a defenderlos? Estos son rápidos en la demanda de que aquellos que no son blancos no debe ser maltratados, que sus derechos deben ser protegidos porque son realmente "como nosotros", que son nuestros iguales. Esta buena gente, "de mente abierta" está dispuesta a subsumir a todo el mundo dentro de esa gran, raza humana unificada, cegándose a ellos mismos a todo lo que pudiera poner en peligro su magnanimidad abstracta.

Pero aunque uno escoja entre el fanatismo estrecho de mente o la magnanimidad amplia de mente, el resultado es el mismo: a la diferencia se la desaparece, debido a que no debe existir; es muy aterradora, muy desafiante. De hecho el fanatismo del racista se alimenta en la retórica del anti-racista. La doctrina de este ultimo, la promoción de la homogenización “multicultural” y de la “diversidad” como mercancía, es en realidad fundada en el rehuzarse de ver aquello que no necesita de ser señalado-que ningún individuo es igual a algún otro; esto alimenta el miedo de perderse a uno mismo. Y si alguien ha aprendido a definir su peculiaridad en términos raciales, esta doctrina lo estimulara a defender su herencia racial con una vehemencia mayor. Así, la generosidad ciega abstracta del anti-racista simplemente empuja al racista a ser mas estrecho de mente y defensivo. En la misma forma, el anti-racista necesita al racista a quien este puede responder. Sin el racista, a cuyas actitudes e ignorancia este puede condenar, así en esta forma procede a diferenciarse de aquello y de otra forma el no podría probar sus credenciales anti-racistas. En tanto el tal como el racista le tiene miedo a lo diferente y posee el mismo miedo de perderse a si mismo. A diferencia del racista, de todos modos, el no expresa su miedo con el garrote, sino mas bien a través del auto engaño y la adulación. El no ve el racismo arrogante y egoísta en su afirmación de que “ellos son tal como nosotros; ellos son nuestros iguales”. Ese tipo de afirmaciones no solo son insultantes y arrogantes sino también falsas. Pero el anti-racista no entenderá esto. Presa de su propia mala conciencia sobre el compartir el mismo color de piel con los supremacistas blancos que ellos deploran, su anti-racismo se convierte en un símbolo de ser mártires, auto desprecio indicador de su incapacidad de basar el pensamiento en categorías básicas ecencialistas.

Ha habido intentos en años recientes entre los revolucionarios en este país hacia el ir mas alla de la dicotomía patética que todavía domina la discusión sobre la raza. Aunque los intentos tempranos de señalar la falta de una base biológica para el concepto de raza a veces han llevado hacia un perezoso rechazo de lidiar con la cuestión en si, existen aquellos que han tomado el siguiente paso de tratar de desarrollar un análisis de lo útil del concepto de raza para los administradores de actual régimen para el mantenimiento de las actuales relaciones sociales. En particular, los “nuevos abolicionistas”, publicadores de Race Traitor*, han hecho contribuciones útiles para un análisis de cómo el desarrollo del concepto de raza blanca permitió a las clases explotadoras el crear divisiones entre diferentes partes de las clases explotadas y el manipular grandes porciones de estas hacia la identificación con sus explotadores. Esos análisis indican que estos nuevos abolicionistas han ido mas allá de la simplista auto-complacencia del anti-racismo, pero todavía existen elementos de moralización anti-racista que pueden ser encontrados en sus ideas. Su tendencia a todavía pensar en blanco y negro (o blanco y no-blanco) puede ser un punto de partida esencial para el desarrollo de sus análisis que en ultima instancia tratan de superar esta dicotómica forma de pensar. Pero su eslogan, “Traición a la raza blanca es lealtad a la humanidad”, parece llevar consigo el intento del anti-racista de subsumir todas las diferencias bajo dicha abstracción, la raza humana. Por ende, la practica a la cual los escritores de Race Traitor mas frecuentemente llaman a la gente “blanca” es el rechazo del privilegio blanco, cuyos específicos-tal como son descritos en sus escritos-parecen tener mas que ver con virtud moral personal, y en tanto auto-sacrificio similar a aquel de los anti-racistas, que con el desarrollo de un proyecto revolucionario que pueda derribar a esta sociedad y su concepto de raza.

Un proyecto revolucionario verdadero-uno que pueda destruir a la sociedad de clases, dominación y explotación y abrir la posibilidad para el desarrollo de relaciones libres autodeterminadas-esta basado en el deseo de los individuos a determinar sus propias vidas en términos de su propia singularidad. En esta forma, yo no considero que ningún individuo sea igual a ningún otro. Profundas diferencias abundan y entre estas diferencias que hacen lo único de cada individuo están esas características que pueden ser llamadas “raciales” o “étnicas”, pero estas no son las características mas fundamentales. Tampoco estas hacen de un grupo uno superior o inferior. Mas bien estas reflejan que cada uno de nosotros es un ser único con nuestra propia historia y nuestra propia forma de encarar al mundo que nos rodea. En tanto crearnos en nuestros propios términos-posible en el presente solo en revuelta contra el orden social-es necesario examinar las diferencias que tienen su base en categorías socialmente definidas en tanto superarlas, ir mas allá de estas y hacerlas nuestras sirvientas a nuestros seres singulares. Así yo escojo el relacionarme con cada individuo no basándome en su identidad racial o étnica, sino basándome en quien yo soy y quiero ser y en los intereses y deseos que estos individuos evocan en mi.

Es esta singularidad, esta muy real diferencia entre cada individuo, que es temida y rechazada tanto por el racista y el anti-racista. El racista busca eliminar la diferencia en una concepción homogenizada de el ser blanco lo cual justifica la violenta supresión de aquellos que no pueden ser asimilados dentro de esta categoría. El anti-racista busca negar la diferencia asimilando todo dentro del “multiculturalismo” de la mercantilización, ofreciendo solo el gris turbio de la pseudo-diversidad capitalista-la “diversidad” de productos en el mercado. Para ir mas allá de este gris se requiere precisamente que abracemos aquella diferencia que no puede ser mercantilizada-la maravillosa singularidad de cada individuo. Pero tal admisión demanda que nosotros verdaderamente luchemos con aquellos conceptos y categorías sociales en las cuales el mundo presente se esfuerza en encerrar a esta diferencia teniendo como objetivo el destruir a estas jaulas. Tal tipo de esfuerzo es esencial si deseamos alguna ves soñar a colores.

*Revista anti-racista estadounidense visible en http://racetraitor.org/

jueves, 11 de octubre de 2012




Sobre la pobreza sexual x Willful Desobedience


Una sociedad basada en la concentración de poder y el intercambio económico empobrece cada área de la vida, incluso las más personales. Existe más o menos acuerdo cuando se habla de la liberación de la mujer, la liberación de l@s homosexuales e incluso la liberación sexual dentro del ámbito anarquista. Además es fácil encontrar análisis sobre la dominación masculina, sobre el patriarcado y el hetero-sexismo, pero la realidad del empobrecimiento sexual parece que ha sido ampliamente ignorada, lo concerniente a la expresión sexual se ha limitado a percepciones como monogamia, poligamia, poliamor y otros mecanismos similares de las relaciones amorosas. Según creo esta limitación es en sí misma, una reflexión de nuestro empobrecimiento sexual; nos limita a hablar de los mecanismos de las relaciones de manera que podamos evitar el cuestionarnos sobre la calidad de esas mismas relaciones.

Hay varios factores que influyen en el empobrecimiento sexual que experimentamos en esta sociedad. Si examinamos sus orígenes, las instituciones del matrimonio y la familia y la imposición de unas estructuras sociales patriarcales son importantes, y el papel que han jugado no puede ignorarse. Pero durante las últimas décadas, por lo menos aquí en el llamado Occidente, la fuerza de estas instituciones ha disminuido considerablemente. Sin embargo el empobrecimiento sexual no lo ha hecho. Quizá todo lo contrario. Se ha vuelto más intenso y lo sentimos de una forma más desesperada.

El mismo proceso que ha permitido el debilitamiento y la desintegración gradual de la familia es el que ahora sostiene el empobrecimiento sexual: el proceso de cosificación. La cosificación de la sexualidad es por supuesto tan antigua como la prostitución (y casi tan vieja como la civilización), pero en las últimas cinco décadas, la publicidad y los medios han cosificado la concepción de sexualidad. La publicidad nos ofrece un atractivo sexual que influye en las masas, vinculando la pasión espontánea con un desodorante, dentríficos, perfumes y coches. A través de las películas y la TV nos muestran imágenes sobre la facilidad con la cual un@ puede conseguir gente guapa dentro de su propia cama. Por supuesto, para ello hay que ser bellísim@ y atractiv@, y para conseguirlo nos sirven los desodorantes, perfumes, el gimnasio, las dietas y los productos para el cabello. Estamos adiestrad@s para desear imágenes de “belleza” de plástico que son inalcanzables porque en gran medida son ficticias. Esta creación de deseos artificiales e inalcanzables sirve perfectamente a las necesidades del Capital, ya que garantiza una continua sensación de insatisfacción que puede utilizarse para mantener a la gente comprando, en un intento desesperado de aliviar sus anhelos.

La cosificación de la sexualidad ha liderado un tipo de “liberación” dentro del esquema de las relaciones de mercado. No solamente porque sea muy frecuente ver relaciones sexuales entre personas solteras en la gran pantalla, sino porque cada vez más las relaciones de homosexualidad, bisexualidad e incluso alguna que otra rareza están logrando cierto nivel de aceptación entre la población. Por supuesto, de manera que sea útil a las necesidades del mercado. De hecho, estas prácticas son transformadas en identidades a las que uno se amolda de una forma más o menos estricta. De esta manera, se convierte en mucho más que la simple práctica de un determinado acto sexual. Así “estilos de vida” completos están asociados a ellos, implicando conformismo, predecibilidad, lugares específicos a los que ir, productos específicos que comprar. En este sentido, los gays, las lesbianas, los bisexuales, el cuero y las subculturas desarrollan sus funciones como objetivos de mercado al margen de la familia tradicional y del contexto generacional.

De hecho, la cosificación de la sexualidad permite que todas las formas de práctica sexual sean productos de venta. En el mercado sexual, todo el mundo trata de venderse así mismo al más alto postor mientras intenta comprar aquellos que le atraen al menor precio. Así, se crea el absurdo juego de jugar duro para conseguir o intentar presionar a otr@s para mantener relaciones sexuales. Y así se da, la posesividad que tan a menudo se desarrolla en las relaciones corrientes de “amor”. Después de todo en el régimen del mercado, ¿no es poseedor uno de lo que ha comprado?

En este contexto, el acto sexual tiende a tomarse en la misma medida; una forma cuantificable en consonancia con esta cosificación. Dentro de una sociedad capitalista no debería sorprender que la “liberación” de la franqueza sexual signifique predominantemente una discusión sobre el mecanismo del sexo. El juego del acto sexual se reduce no solamente al placer físico, sino más específicamente al orgasmo, y el discurso sexual se centra sobre los mecanismos más efectivos para lograr este orgasmo. No quiero ser malinterpretado. Un orgasmo eufórico es algo maravilloso. Pero centrar el encuentro sexual en lograr un orgasmo, no nos permite sentir el juego de perdernos en el otr@ aquí y ahora. Más que ser una inmersión del un@ en el otr@, el sexo centrado en alcanzar el orgasmo se convierte en una tarea que aspira a un objetivo futuro, la manipulación de ciertos organismos para lograr un fin. Tal y como yo lo veo, esto transforma el sexo en una actividad básicamente masturbatoria- dos personas usándose la una a la otra para lograr su fin deseado, intercambiando (desde el punto de vista estrictamente económico) placer sin dar nada de un@ mism@-. En dichas acciones deliberadas, no hay sitio para la espontaneidad, la pasión sin medida, o el abandono en manos del otr@.

Este es el contexto social de la sexualidad en nuestras vidas actuales. Dentro de este contexto hay muchos otros factores que refuerzan el empobrecimiento de la sexualidad. El Capitalismo necesita movimientos de liberación parcial de todos los tipos, tanto para la recuperación de la revuelta como para introducir la embrutecida ley del mercado en cada vez más aspectos de nuestra vida. Por ello el Capitalismo necesita del feminismo, de los movimientos de liberación raciales y nacionales, de la liberación de los gays y también por supuesto de la liberación sexual.

Pero el capitalismo no hace uso de forma inmediata de todos los viejos métodos de dominación y explotación, y no lo hace porque son sistemas lentos y complicados. Las luchas de liberación parciales, mantienen su función recuperadora precisamente para continuar ejerciendo la vieja opresión como contrapartida para prevenir, que aquell@s involucrad@s en luchas de liberación, puedan percibir la escasez de su “liberación” dentro del orden social actual. De tal manera si el puritanismo y la opresión sexual hubiesen sido realmente erradicados dentro del capitalismo, la escasez de los sexshop más feministas, conscientes y amigos de los gays sería obvia.

Y así el puritanismo continua existiendo y no sólo como un vestigio de tiempos anteriores pasado de moda. Esto se manifiesta claramente en métodos obvios, tales como la presión aún vigente del matrimonio, (o por lo menos fundar una identidad como pareja) y tener una familia. Pero también se hace manifiesto de formas que la mayoría de las personas no perciben, porque nunca han considerado otras posibilidades. La adolescencia es la época en que los impulsos sexuales son más fuertes debido a los cambios que se producen en el cuerpo. En una sociedad sana, l@s adolescentes deberían tener la oportunidad de explorar sus deseos sin miedo o censura, deberían hacerlo de una forma abierta y aconsejad@s, si quieren, por l@s adult@s.

Mientras que los deseos intensivos de l@s adolescentes son claramente reconocidos (cuantas veces películas de humor o programas de la TV se basan en la intensidad de estos deseos y en la imposibilidad de explorarlos de una forma libre y abierta) en esta sociedad, no se crean métodos para que esos deseos puedan explorarse libremente, esta sociedad los censura, haciendo una llamada a la abstinencia, dejando a l@s adolescentes ignorando sus deseos, limitándolos a la masturbación o aceptando a menudo tener sexo rápido en situaciones de mucha presión y entornos nada confortables para evitar así que les pillen. Es difícil no extrañarse de que algún tipo de sexualidad sana se hubiese podido desarrollar bajo estas condiciones.

Porque el único tipo de “liberación” sexual de utilidad para el Capital es aquella que permita preservar la pobreza sexual, y utilizará todo tipo de herramientas para el mantenimiento de la represión sexual bajo el engaño de una liberación ficticia. Desde que las viejas justificaciones religiosas para la represión sexual, han dejado de ser validas para amplias porciones de la población, un miedo físico por el sexo actúa ahora como catalizador en la creación de un nuevo medio para la represión. Este miedo es promovido principalmente por dos frentes. En primer lugar es el miedo del depredador sexual. Ataque sexual a jóvenes, el acecho sexual y la violación son hechos muy reales. Pero los medios exageran la realidad con explicaciones sensacionalistas y especulaciones. El manejo de estos asuntos por parte de las autoridades y los medios no tienen como objetivo encargarse de estos problemas, sino seguir promoviendo el miedo. En realidad, los casos de violencia no sexual contra mujeres y niños (y me refiero específicamente a aquellos actos de violencia basados en el hecho de que las víctimas sean niños o mujeres) son la mayoría de las veces mas frecuentes que los actos de violencia sexual. Pero el sexo tiene un fuerte valor social que le concede a los actos de violencia sexual una imagen mucha mas siniestra*. Y el miedo promovido por los medios en relación con dichos actos refuerza una actitud social generalizada, de que el sexo es peligroso y debe ser reprimido o por lo menos públicamente controlado.

En segundo lugar, está el miedo a las enfermedades de transmisión sexual y en particular al SIDA. De hecho, a principios de los 80 el miedo a las enfermedades de transmisión sexual dejo de ser en gran medida un método útil para mantener a la gente alejada del sexo. La mayoría de estas enfermedades podían tratarse con relativa facilidad, y la gente mas inteligente se dio cuenta de la inutilidad de utilizar preservativos en la prevención de la propagación de enfermedades como la gonorrea, sífilis y muchas otras enfermedades. En esos momentos se descubrió el SIDA. Habría mucho que decir sobre el SIDA, muchas preguntas tendrían que ser planteadas, una gran cantidad de negocios sospechosos (en el sentido más literal del termino) referentes a este fenómeno, pero respecto al tema que estamos tratando, de nuevo el miedo al contagio de enfermedades de transmisión sexual se emplea para promover la abstinencia sexual o por lo menos, que la sexualidad sea menos espontánea, menos desordenada, y generar así encuentros sexuales más estériles.

En medio de tal ambiente de deformación sexual, otro factor desarrolla lo que parece ser inevitable. Una tendencia creciente a aferrarnos desesperadamente a aquell@s con quienes hemos conectado, aunque sea una conexión empobrecida. El miedo a estar sol@, sin amor, nos conduce a unirnos a amantes a los que ya hace mucho que hemos dejado de amar. Incluso cuando el sexo continúa existiendo en la relación, probablemente sea mecánico y ritual, y no un momento absoluto de entrega al otr@.

Y por supuesto, están aquell@s que simplemente sienten que no pueden manejar completamente esta tristeza, este medio desamparado de relaciones artificiales y conducidas por el miedo, y por eso nunca lo intentarán. No es una falta de deseo, lo que impone su “abstinencia”, sino la desgana de venderse así mism@ y una desesperanza ante la posibilidad de encuentros sexuales reales. A menudo estos son individuos que, en el pasado, se situaron en la línea de búsqueda de encuentros eróticos apasionados, intensos y fueron rechazados como artículos de inferior cuantía. Se apostaron, l@s otr@s compraron y vendieron. Y han perdido la esperanza de mantener la apuesta.

En cualquier caso, vivimos en una sociedad que empobrece todo tipo de contacto, los sexuales también. La liberación sexual -en el sentido real, que es nuestra liberación para explorar la plenitud del abandono erótico carnal en el otr@ (u otr@s)- nunca podrá realizarse por completo dentro de esta sociedad, porque esta sociedad necesita del empobrecimiento, de los encuentros sexuales cosificados, tanto como necesita que todas las interacciones sean cosificadas, medidas, calculadas. Así que los encuentros sexuales libres, como cada encuentro libre, sólo pueden existir contra esta sociedad. Pero esto no es un motivo de desesperación (la desesperación después de todo, no es más que el otro lado de la esperanza) sino más bien debe conducirnos a una exploración subversiva. El reino del amor es muy amplio, y existen infinitos caminos a explorar. La tendencia entre los anarquistas (por lo menos en los EE UU) de reducir las cuestiones de la liberación sexual al mecanismo de dichas relaciones (monogamia, no-monogamia, poliamor, “promiscuidad”, etc) debe ir mas allá. En la expresión sexual libre tiene cabida todo esto y mucho más. De hecho, la riqueza sexual no tiene nada que ver con ambos mecanismos (tanto las relaciones como los orgasmos) o con la cantidad (el capitalismo ha probado hace ya mucho tiempo que sus chorradas cada vez más efectivas todavía apestan a basura). Más bien consiste en el reconocimiento de que la satisfacción sexual no es exclusivamente una cuestión de placer como tal, sino concretamente del placer que brota del encuentro real y el reconocimiento, la unión de los deseos y los cuerpos, y la armonía, el placer y el éxtasis que se obtiene de ello.

Así, queda claro que necesitamos perseguir unos encuentros sexuales como los que buscamos para el resto de nuestras relaciones, en total oposición a esta sociedad, no por ser un deber revolucionario, sino porque es la única manera posible de tener relaciones sexuales plenas, ricas y desinhibidas en las cuales el amor deje de ser una desesperada dependencia mutua y en su lugar se transforme en la exploración extensiva de lo desconocido.

* El importantísimo asunto de la filosofía de la inocencia de la niñez -una filosofía que sólo sirve para mantener a l@s niñ@s en el lugar que les corresponde en esta sociedad- también esta relacionado con esto. Pero requeriría un artículo en si mismo simplemente para comenzar a abordar el tema.

Fuente: Willful Disobedience
Volume 4, number 3-4, Fall-Winter 2000

El Amor Libre: Eros y Anarquía x Osvaldo Baigorría (comp).



Excelente compilación en Formato PDF para leer o descargar "online" sobre el amor libre con textos de magnificos autores como Emile Armand, Malatesta, Crimeth. Inc, el dandi uruguayo Roberto de las Carreras, Maria Lacerda Da Moura, America Scarfo, Bakunin y otrxs mas !

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Las siete virtudes del amor libre x Thierry Lodé

Tenemos que hablar del amor, de los triunfos del amor. El amor libre es una exigencia libertaria que se opone pronto a los matrimonios arreglados o al corsé estatista de un contrato que encierra a la mujer como si fuera una propiedad del hombre. Sacudiéndose la tiranía de un patriarcado establecido sobre el dominio de las mujeres, la cuestión del amor libre sigue siendo el proyecto de la libertad de amar. Porque el amor libre es ante todo una crítica de la exclusión.

Evidentemente, algunos pueden creer que el amor libre está perfectamente introducido en las costumbres de una liberación sexual anunciada. Porque así es en las ideas libertarias, y su fuerza original se infiltra por aquí y por allá poco a poco, muchas veces sin premeditación. De la camaradería amorosa y revolucionaria elaborada por Émile Armand a la vida aislada de los solteros, el camino de la igualdad de los sexos no parece sin embargo tan fácil. Aquí reside el combate cotidiano contra las exclusiones.

La primera conquista del amor libre ha sido aclarar la diferencia entre reproducción y sexualidad. Porque explotando esta diferencia se ha fabricado la desigualdad, una desigualdad obscena que ha permitido encerrar a las mujeres en la estrecha obligación de la reproducción. La sexualidad no se resuelve con la reproducción y existen todas las conductas en la naturaleza. Si la viviparidad humana tiene sus obligaciones, ya no es posible alegar esas dificultades para establecer, con pleno derecho, la desigualdad. El deseo del niño no está negado por la sexualidad libre. Y no es menos cierto que si la reproducción supone un compromiso amoroso, éste puede estar fundado en un consentimiento libre. Cuando se instituye realmente como una alienación del individuo, el contrato que hace rígido el matrimonio pretende a veces presentarse como un medio de protección del débil, presuponiendo la incapacidad de responsabilidad en los protagonistas. Al negar la humanidad misma de los individuos, el contrato matrimonial se convierte rápidamente en una póliza de costumbres, prohibiendo la homosexualidad y otras formas amorosas, inscribiendo la exclusividad de la relación amorosa en beneficio del control de la crianza de la progenitura.

Biológicamente, el ser humano se coloca entre el bonobo y el gorila. Si del bonobo tiene una cierta reivindicación de la pluralidad de las conductas sexuales, con el gorila comparte la exogamia de las féminas. En el gorila, en efecto, las hembras son apartadas del grupo de pertenencia. El pachá reina solo en un harén de hembras procedentes de intercambios con otros grupos. Encontramos algo así como la concepción de la comunidad de mujeres desarrollada por Carpócrates y el comunismo primitivo de los agnósticos libertinos. Entre los humanos, las mujeres salen del grupo y [en muchos países] el cambio de nombre de soltera a nombre de mujer casada establece esa ruptura. Pero el humano no siempre exhibe poligamia. Los múltiples grupos humanos, desde los papúes a los indios, llevan a cabo a menudo una estructura comunitaria. La pareja exclusivamente monógama es progresivamente construida a lo largo de la Edad Media, y se impone singularmente durante la transformación industrial del siglo XIX. Le sucede la pareja, cuya soledad molesta a la sociedad. No obstante, al emanciparse de la obligación de reproducirse, la sexualidad lleva a los individuos a descubrirse los unos a los otros, a sentirse y a comprenderse. Así es como los bonobos utilizan la sexualidad para evitar que surjan conflictos.

El segundo éxito del amor libre es haber eliminado la coraza de las fábulas religiosas. El rechazo de la bendición no sólo se ha opuesto a la injerencia religiosa en los asuntos de las personas, sino que ve el juramento religioso como la negación misma del amor. Al romper las cadenas que imponen las iglesias, el amor ha recuperado algo de su candor.

Las religiones monoteístas, al imponer la exclusividad del dios que veneran, reinvindican la exclusión. Su dios no sólo ha ensangrentado una parte del mundo, sino que ha podrido el matrimonio al prohibir la anticoncepción y la libertad. Han sido necesarias las leyes republicanas sobre el divorcio para abrir una brecha en esa eternidad. Al emanciparse de dios, el divorcio ha perturbado enormemente a sus lacayos sectarios. Ha introducido la fractura fundamental que rompe la extensión temporal del juramento. Al introducir la libertad en el seno de la relación humana, el amor libre ha encontrado rápidamente su injerencia atea, estableciendo un abismo definitivo en el aparato cínico de las ceremonias devotas.

El tercer éxito del amor libre consiste en esa ausencia de reducción del otro. El niño ya no es un bastardo. En lugar de perpetrar la ilegítima consecuencia de un concubinato, es un hijo del amor. Es incluso pertinente en la comunidad familiar reconstituida, y todos los niños son reconocidos como iguales. El enamorado no es cornudo, la persona no es infiel. El amor se ha hecho plural, y a la familia propietaria le sucede una comunidad de individuos libres. Esta es la actitud que me lleva a reconocer en el otro al individuo último que construye mi amor. No entra ya en esas categorías humillantes y obscenas contenidas en la institución de la exclusión. Como rechazo a estas disminuciones, el amor libre contiene verdaderamente una idea revolucionaria al privilegiar la autonomía individual.

La cuarta victoria de la exigencia libertaria del amor libre tiene lugar a partir de 1968, con el deseo de autenticidad, el rechazo de la exclusividad en las relaciones y una voluntad de transformación de las culturas cotidianas. Esta reivindicación de la autenticidad de los amores ha sido caricaturizada a menudo como una mera sucesión de relaciones múltiples y superficiales. La sexualidad exclusiva (monogamia exclusiva, homosexualidad exclusiva, poligamia) no existe en la naturaleza, la única norma es la diversidad en el comportamiento sexual. Sin embargo, la liberación de las actividades sexuales puede agotarse en su propia contradicción, llevando de la autonomía aparente de las personas a la soledad desigual del aislamiento en el mundo mercantil. El amor libre no se reduce al sexo liberado ni a la promiscuidad lujuriosa. Por el contrario, la experiencia libre del otro supone una búsqueda de autenticidad. Cada uno y cada una revelan una persona única, un amor diferente que no puede reclamar ese capricho infantil de la exclusividad. La libertad que constituye nuestra individualidad es primero una exigencia de confianza, de relaciones sin la cárcel de la exclusión.

Porque el sentimiento amoroso es una contrucción paradójica, en la que cada uno tiene su experiencia singular y, no obstante, es compartida por todos. Nos designa como alguien único sobre la tierra al estar enamorados de otra persona única, y sin embargo todos hemos tenido esa experiencia. Muchas veces no hay otras razones que las de uno mismo. ¿Cómo establecer en nombre de esto la increíble perversidad de la exclusión de los otros? El matrimonio instituye esta regla doble de la exclusividad impuesta y de la sospecha inevitable porque el compromisos se considera infinito. Los celos, ese "prejuicio de la propiedad", como decía Armand, envenenan la relación amorosa y sin embargo son valorados en la sociedad mercantil. En esa penitenciaría de costumbres, las dos partes se deben desconfianza. Nosotros, por el contrario, afirmamos que el rechazo de la exclusividad amorosa es una fundamento necesario para el amor libre.

La quinta cualidad del amor libre está contenida en el trastocamiento de la economía doméstica que ha provocado esta exigencia libertaria. El matrimonio instituye la dependencia económica y sexual de las mujeres. La guerra de los sexos ha instaurado el matrimonio en una sujeción femenina a diferentes tareas no retribuidas. La familia presupone compartir de modo desigual las tareas, y la ausencia de remuneración por las actividades particulares. Llevar la casa, rápidamente encargado a las mujeres, constituye una parte de la organización económica curiosamente llevada a cabo con una servidumbre absoluta y sin sueldo. Al subrayar esta disparidad, la reivindicación de igualdad del amor libre ha puesto totalmente en desuso esta servidumbre doméstica y ha establecido las bases de una revolución de la vida cotidiana. Y "los que prefieren la revolución y la lucha de clases sin aludir explícitamente a la vida cotidiana… tienen un cadáver en la boca", como aseguraba Vaneigem.

El sexto mérito del amor libre es reconocer la fuerza legítima del deseo. Clasificados por los devotos en el apartado de las obsesiones, el deseo y el fantasma son desplazados hipócritamente a lo negativo del amor. Para la fuerza pública, la seducción de las mujeres se reduce a su duplicidad, y el deseo de los hombres se limita a la concupiscencia. Se ha instituido incluso el concepto policial de provocación pasiva. Para los funcionarios del Estado, el deseo es algo así como la vergüenza del amor. El fundamento biológico de las atracciones seductoras es perfectamente identificado y al mismo tiempo desaconsejado por el matrimonio. La atracción amorosa es demasiado animal, "un encuentro de salivas" decía Cioran. Lo que da lugar a la atracción de los otros reside también en lo extravagante.

Numerosos animales hacen gestos insólitos para seducir a su compañero. La tendencia a la exageración es un componente fundamental de la biología que permite explicar la exuberancia de los rasgos sexuales entre los animales, como el color en los pájaros, la cola del pavo real o las pinzas del cangrejo de mar. La biología evolutiva muestra que los rasgos artificialmente aumentados pueden incluso superar las estimulaciones simples. El hombre no es indiferente a la exageración de esos rasgos, como muy bien saben los publicistas, que "mejoran" los retratos femeninos para aumentar las ventas de un producto. Si el maquillaje y el tratamiento de imágenes son las últimas mentiras del mundo mercantil, también es cierto que nuestra mente es cada vez más natural. Es probable que la atracción nazca biológicamente de ese estímulo supranormal, un estímulo excesivo que desencadena una atracción más intensa, con la ayuda de ciertas feromonas. En el curso de la evolución biológica, los procesos de selección sexual han aumentado la presencia de esas características extrañas que estimulan el deseo sexual. El deseo nace de lo sensorial y su fundamento es biológico. Incluso las representaciones y dibujos femeninos, incluso las muñecas que usan los niños, todo lo que afecta a la parte baja del cuerpo humano constituye el problema, aunque se disimule con la longitud de las piernas, los ojos grandes, la finura del talle, exagerando todos los rasgos del deseo. Así, la belleza física no sería más que la impresión de un deseo formado por la composición de caracteres exagerados. Entonces es posible interrogarse sobre los determinismos del deseo, la imagen con la que nos quedamos los enamorados prisioneros al reconocer a la vez el dinamismo vivaz que constituye el deseo, y la inercia de sus constituyentes, que pueden también engañarnos. El deseo es un componente fundamental que el amor libre ha rehabilitado.

La séptima fuerza del amor libre reside curiosamente en lo incierto. La única cosa que conoce el enamorado es su propio sentimiento íntimo. Sólo existe una certeza en el amor, mi propia razón. La respuesta del otro se establece en lo desconocido. El deseo que funda el descubrimiento del otro es tan confuso que el sentimiento no desaparece nunca totalmente. El amor se prescribe como una fuerza oculta. Pero lo incierto establece igualmente la verdad del amor, la soledad de su vigor. Porque el amor no está fundado en un derecho. El malentendido no reside sólo en el miedo al engaño, al disimulo. El enamorado no tiene más derecho que el de amar. El drama casi roza la comedia. Entonces, las pruebas del amor serían exigidas como fragmentos de esos juramentos perdidos. Yo no tengo derecho a nada del amor del otro aunque tengo derecho al amor. Aquí la humanidad se construye sin obligaciones ni restricciones. Hay en la incertidumbre una fuerza viva que reconoce intuitivamente la libertad del otro. Es también un pequeño sufrimiento, que descubre a ese individuo irreductible su libertad y su humanidad.

Decididamente, el amor libre instaura a la vez una reconciliación amorosa de las libertades y una exigencia de emancipación social. He aquí todo el sentido crítico de Lucienne Gervais: "Se representa a menudo al amor haciendo burla a los viejos: pues bien, yo veo al amor, libre al fin, haciendo burla a las morales caducas, a los viejos usos y a las viejas costumbres. Veo al amor haciendo burla al viejo mundo".

Referencias:

ARMAND E. 1906 « Les « Colonies » communistes », L’Ere Nouvelle
CIORAN E. 1987 « Précis de décomposition ». Eds Gallimard
GERVAIS L. 1907 « L'amour libre », l'anarchie, n° 111
LODE T. 2006 « La guerre des sexes chez les animaux » Eds O Jacob
VANEIGEM R 1967 « Traité de savoir vivre à l’usage des jeunes générations » Eds Gallimard.
ZAÏKOVSKA S. 1913 « Le féminisme », La Vie anarchiste n°12, 1er mai 1913